sábado, 6 de diciembre de 2008

INDONESIA - Isla de Sumatra - Volcan Gunung Sibayak - BERATAGI12 NOV




Aquí huele a azufre!!!

El día que pasamos en Berastagi también fue intenso. Nos levantarnos a las 7 de la mañana para coger el primer autobús que nos subiría hasta la base del volcán Gunung Sibayak (2904 m), y una vez allí, empezar el trekking.

Fue comenzar a caminar, y enseguida darnos cuenta de que la ruta sería por una carretera empinadísima, en la que apenas había tramos para darnos un respiro. A mitad de camino vimos una pareja de chimpancés; a diferencia de los orangutanes los chimpancés son mucho más activos y tienen una agilidad increíble que les permite moverse y saltar entre las ramas de los árboles fácilmente, tanto, que fue imposible poder hacerles ninguna foto.

Tras nuestro encuentro con los chimpancés seguimos la ascensión dejando atrás la carretera para coger un sendero. El camino seguía siendo muy empinado, pero al ser bastante transitado, la jungla no lo había cubierto, por lo que apenas encontramos obstáculos que nos retrasaran la subida. En la subida tan sólo nos acompañó el sonido de las chicharras y un olor intenso a azufre que nos llegaba de vez en cuando.

Tres horas después de empezar la caminata entramos en una zona más frondosa llena de vegetación, que nos indicó el camino para llegar hasta el inicio de lo que sería el volcán. Poco a poco el sendero se fue abriendo hasta quedar ante nuestros ojos un auténtico paisaje lunar. A lo lejos… 10 ó 12 fumarolas desprendían con fuerza vapor de agua y mirando hacía arriba se podía divisar el cráter del volcán, la vista era maravillosa.


Nos mantuvimos en silencio, tan sólo observando aquella impresionante escena; después continuamos caminando para acercarnos a las fumarolas y poder sentir el vapor en nuestras caras, pero el hedor del azufre era insoportable. Dejándolas atrás llegamos al cráter del volcán; el escenario era mas parecido al planeta Marte, que a un lugar de la tierra. Tuvimos la sensación de estar presenciando algo maravilloso, la naturaleza de nuevo nos obsequiaba con un regalo sorprendente.

Bajamos por el mismo camino y en tan sólo hora y media nos presentamos en el alojamiento de Berastagi. Fue tan rápida la bajada que hasta el chico del hotel se quedó alucinado. Nuestra pretensión era coger el bus de las 2 y llegar a la Isla de Samosir cuanto antes. Pero se nos complicó el tema y no llegamos al de las 2. Tuvimos que esperar a coger el que pasaba a las 3, corriendo el riesgo de quedarnos en mitad de camino, porque nos habían advertido que las combinaciones de transporte no eran buenas, y resultaban complicadas si no enlazabas bien las horas desde el principio, ya que no había demasiados vehículos que fuesen hasta allí y si finalmente conseguías llegar al Puerto, en muchas ocasiones no había ferry para cruzar el Lago Toba y poder ir a la Isla. Pero aún así, nosotros decidimos arriesgar y ver hasta donde podríamos llegar, y si no…haríamos noche donde ya no pudiésemos continuar.

El trayecto, como no, fue apretado y movido, pero muy divertido. No sabemos si hicimos 4 ó 5 cambios de furgoneta y a cual más llena. De repente paraban en el camino y decían el nombre de un pueblo; había gente que subía y gente que bajaba, y nosotros sin tener ni idea de donde hacer el cambio de vehículo…ellos se encargaban de dirigirnos. A todo esto añadiéndole el trajín de las mochilas atadas con cuerdas en la parte de arriba junto con no se cuantos bultos y cajas que llevaba la demás gente. Parecía un absoluto caos, pero lo organizaban que te cagas. Hubo una parada en la que llovía a cantaros y a nosotros nos tocaba cambiar, y mientras conseguíamos salir del vehículo pasando por encima de la gente, uno desataba el equipaje del techo y otro se adelantaba y nos esperaba con un paraguas abierto para que no nos mojáramos al pasar de un coche a otro, estaban casi pegados, pero se tomaban las molestías (son unos cielitos) Lo gracioso era que si Rico salía antes que Vane, el conductor aprovechaba que Rico no le veía para pedirla besos. Te tenías que reír, son como niños.

Finalmente y tras la gran aventura conseguimos llegar al puerto de Parapat, pero eran las 8 de la noche y ya no había más ferrys. Menos mal que empezó a llegar gente local que necesitaba cruzar a la Isla y nos juntamos unos pocos para justificar la salida de un ferry charter. Fue precioso navegar por la noche en el inmenso lago, viéndolo desde la cubierta, sintiendo el aire en nuestras caras. Allí conocimos a Roni, un hombre que nos ofreció alojamiento en unas casas tradicionales, llamadas Batak, por el módico precio de 30.000RP que son al cambio como 2€. Nos enseñó unas fotos que llevaba y no pudimos negarnos, eran preciosas; además a esas horas tampoco podíamos pensárnoslo demasiado. Prueba superada atravesamos el Lago Toba y llegamos a Samosir, pero aquí no termina la aventura… Nada más llegar al otro lado, Roni nos dice que las casas están en un pueblo alejado que se llama Tuktuk y que para ir, nos tiene que llevar en moto, que el tiene la suya, pero que necesita otra. Nosotros un poco moscas, pero sin muchas más opciones decidimos esperar a ver que pasa. Enseguida él llama a un amigo y consigue que nos acompañe con la suya. Acoplamos las mochilas y Rico monta con Roni y Vane con el amigo. Madre mía como íbamos…pero a estos Indonesios no les asusta nada, están súper acostumbrados a cargar las motos hasta arriba e ir tan tranquilos. Todo fue genial hasta que se puso a llover a cántaros y tuvimos que parar en mitad del camino donde encontramos un puestecillo. Allí la agradable gente local nos ofreció refugio hasta que escampó.

Llegamos sanos y salvos, aunque esquivamos todos los baches del mundo, pero en cuanto vimos aquellas casas de madera con sus bonitos frentes pintados y su perfecta ubicación con las excelentes vistas al lago…rápidamente olvidamos la odisea del viaje y sentimos que realmente mereció la pena arriesgar.

INDONESIA - Isla de Sumatra - Jungla Bukit Lawan 10-11 NOV


Desde Koh Lipe volvimos a Penang para pasar a Indonesia a través de Malasia, ya que las conexiones Tailandia-Indonesia no son muy buenas. Nuevamente cruzamos la frontera, esta vez en furgoneta, tras 7 horas de viaje llegamos a Penang Gorgetow.


El siguiente día en Penang lo dedicamos a buscar la mejor forma para llegar a Indonesia y a descansar tras el duro viaje del día anterior. Finalmente desechamos la opción del ferry y volamos esa misma noche a Medan, la principal ciudad de Sumatra (Indonesia).La llegada sería como a las 12, bastante tarde para entrar en un país de nuevas, pero ni nos lo planteamos, con tal de ahorrar tiempo.

Nada más llegar nos dimos cuenta de la gran diferencia que existe entre los otros países visitados, comparado con Indonesia. El desarrollo de éste último es mucho menor, salta a la vista. De nuevo, dejábamos atrás el viaje fácil, para volver a meternos de lleno en la aventura.

Encontrar un hotel a altas horas de la noche nos resultó un poco odisea, pero tampoco lo pensamos demasiado, ya que estábamos cansados y al día siguiente nos tocaba madrugón. Nos quedamos en uno, que la puerta de entrada era como la de un garaje, la recepción: una mesa con una silla mal puesta y un chico que aparecía por debajo de ella que dormía allí mismo. Subimos por unas escaleras repugnantes, y os podéis imaginar como estaban las habitaciones. Era de lo más asqueroso que hemos visto, te daba cosa hasta arrimarte a las paredes, y del baño ya… ni entramos en detalles; sólo os cuento que para lavarse había un cubículo donde echaban agua limpia y con un cazo de plástico te servías la que necesitabas, por supuesto, fría. Me da la impresión de que en este país todavía no han llegado las duchas, ni los wc con tapa.

El primer despertar en Indonesia fue con la llamada a la oración del muezín, a las 5 de la mañana. Nos agradó bastante, porque nos trajo recuerdos de Túnez y Marruecos.

Recogimos rápido y nos fuimos a coger un autobús que nos llevaría a la jungla de Bukit Lawan. Nos resultó imposible localizarlo, había muchos minibus, que por llevarnos nos cobraban una pasta y no nos daban margen para negociar. Son increíbles no les da pereza ni a esas horas. El transporte público nunca apareció y finalmente gracias a una dependienta de una tienda y a su hija, conseguimos un minibus por un precio muy razonable.

Eran las siete de la mañana cuando dejamos Medan. El viaje a la jungla fue el más apretado que henos tenido nunca y posiblemente uno de los más baratos; por cuatro horas de viaje pagamos 20.000 RP rupias (1,5 €), así que el conductor tuvo que amortizarlo llenando la furgoneta hasta arriba. La 1ª media hora fuimos cómodamente echados cada uno en un asiento, sin esperarnos lo que se avecinaba, pero en cuestión de minutos y unas cuantas paraditas, el coche se llenó de gente hasta los topes. No nos lo creíamos, hubo un rato en el llegamos a estar dentro 17 personas y un niño, cuatro por cada fila de asientos y el niño encima. Por otro lado las cajas y bolsas que llevaban. La señora de al lado con una caja enorme que nos tapaba a las dos, Rico atrás con tres, una mochila encima, y no sabemos cuantas bolsas de palomitas dulces pudieron meter alli; mientras el conductor pillaba unos baches… que nos miraba por el retrovisor partiéndose de risa al ver nuestras caras. Aún con toda esa gente, las innumerables paradas y los miles de baches que nos machacaban la espalda, no llegamos a agobiarnos ni un momento; tan sólo escuchar sus risas cuando nos levantábamos todos un palmo del asiento, los intentos de seguir haciendo hueco en cada parada, para que entrara más gente y sus chapurreos en Inglés intentando hablar con nosotros de cualquier manera; hicieron que el viaje fuera agradable y se hiciera hasta corto. Increíble, pero cierto.

Si el trayecto en minibús fue apretado… desde la estación al pueblo, por un estilo, súper divertido. Montamos en una moto con sidecar, cuatro personas y nuestras 4 maletas. Estos Indonesios ahorran una cantidad de espacio!!!Igualito que nosotros, que ya, rara vez viajamos cinco en un coche.

Nada más llegar al pueblo contratamos un trekking para estar dos días en Bukit Lawang y una vez allí, entrar en la reserva de Bohorok, en la que habitan Orangutanes de diferentes especies, donde es bastante probable poder verlos.

Tras dejar nuestras maletas en un cuarto, marchamos con una mochila y dos guías (Ady y Andy) al interior de la jungla. Poco a poco nos fuimos adentrando en ella y en la medida que avanzábamos el camino se hacía más complicado. Numerosos obstáculos (árboles caídos, lianas, raíces) con empinadas subidas y bajadas, que a parte de la pendiente tenían un suelo muy resbaladizo, por las lluvias y la humedad del ambiente. Sumergirse en la jungla es interesante, pero también realmente duro.


Tras una hora de camino encontramos tres orangutanes con una cría, Ady, se empezó a poner bastante nervioso al ver que uno de ellos era agresivo; como no, nos tuvo que tocar. De repente sentimos que nos miraba con cara de pocos amigos y cuando nos quisimos dar cuenta, el animalito se dirigía enfurecido rápidamente hacia nosotros. Tras unos momentos de tensión y un miedo atroz, Andy consiguió captar la atención del orangután y alejarlo de nosotros. Pasados unos minutos recuperamos la calma y pudimos disfrutar de los otros dos orangutanes inofensivos, Bohorok y April.

Más tarde los guías nos contarían la historia de la hembra con la cría. Mina, un orangután que hace tiempo se hizo el amo de esa zona. Acostumbrada a los humanos, sabiendo que en sus mochilas hay comida, y bien, o se la das o te la quita… Mina te hace pagar el peaje por entrar en la selva. La única manera de quitártela de encima es ir con dos guías y mientras uno la distrae con plátanos, el otro aleja al resto del grupo. Se trata de evitar que te siga, ya que no es la primera vez que roba una mochila a un turista o muerde a un guía que intenta evitar que le quite la comida del grupo.

Dejamos atrás a los orangutanes, para seguir adentrándonos en la selva. Durante el resto del viaje tan sólo vimos un grupo de monos marrones como los que vimos en Langkawi (pero estos sin mala leche), hormigas gigantes y alguna que otra oruga venenosa, con más pelo que los propios orangutanes.

Finalmente y tras 5 horas de pateada llegamos reventados al campamento. Una tienda, especie de jaima hecha a base de plástico y palos de bambú sería nuestro techo, y una colchoneta nuestra cama por esa noche.

De cenar nos dieron un pollo cocinado con azúcar de palma tostado, que nos supo a gloria, curry de verduras y otro pollo cocinado con chile que con sólo olerlo ya picaba. Tras la cena estuvimos jugando a las cartas con los guías y cocineros. Ellos nos hicieron trucos de magia con la cartas (fue gracioso, les pille en uno que me enseñó mi abuelo y se sorprendieron bastante) también nos mostraron otros juegos, y nosotros les enseñamos un juego que aprendimos en otro trekking que hicimos en la selva del norte de Tailandia en Chiang Mai, que consiste en que cada uno se pide un animal y memoriza los de los demás y cuando tu carta coincide con la de otro jugador, tienes que imitar el sonido de su animal. Fue divertidísimo, les dolía la tripa y la mandíbula de reírse, y a nosotros igual, hacia tiempo que no lo pasábamos tan bien, estuvo genial.

Por la mañana volvimos por otro camino diferente, nos enseñaron unas cascadas preciosas y vimos monos de cresta blanca (Punky monkeys los llaman por aquí) y como no a mitad de camino… Mina nos estaba esperando; otra vez tuvieron que montar toda la parafernalia hasta conseguir apartarla del camino. Menos mal que esta vez no se arrancó hacia nosotros. Media hora más tarde encontramos a otra hembra con una cría, pero que tranquilamente se dedicó a comer hojas, un nido de termitas y amamantar a su cría. Estuvimos casi media hora observando, viendo cómo cuidaba del bebé y el cariño que mostraban el uno con el otro; nos sentimos conmocionados y muy privilegiados por poder disfrutar de escenas tan maravillosas en plena naturaleza.



Tras unas cuatro horas de vuelta llegamos como a las 12:30 al pueblo, agotados y sin parar a descansar, en ese mismo instante cogimos las mochilas y nos fuimos a Berastagi. Con pena dejamos atrás a nuestros guías y a los orangutanes.

En esta ocasión nos resultó sencillo coger el bus público que nos llevaría de vuelta a Medan. Es toda una experiencia ir con la gente local, al principio te sientes observado, pero luego pasas a ser como uno mas. Después de coger tres minibuses públicos y tres horas más en furgoneta (esta vez no tan llena) conseguimos llegar a Berastagi a las 9 de la noche; un duro viaje de 7 horas. Cansadísimos buscamos alojamiento y exhaustos nos fuimos a la cama. A la mañana siguiente madrugaríamos para ver Gunung Sibayak, un volcán de Sumatra que merece ser visitado.

jueves, 20 de noviembre de 2008

THAILAND - KOH LIPE 01-08 nov

El ferry de Langkawi nos dejó en Satun, y allí pasamos la frontera de Tailandia. Notamos rápidamente el cambio de país, por el agobiante recibimiento. Demasiadas personas ofreciéndonos transporte para salir de allí. Finalmente decidimos tomar una furgoneta que nos llevaría al puerto de Pat Barak y una vez allí, cogeríamos un ferry con dirección Koh Lipe.

Cambiamos como tres veces de vehiculo, llegando a la conclusión de que el objetivo era completar una furgoneta con gente que fuera al mismo destino. Estas organizaciones son muy típicas en Thailandia, te ponen una pegatina en la solapa y con ella… te montan, te bajan, te dicen que esperes (sin saber a que, ni a quien) te cambian de conductor, ect; un sin fin de peripecias divertidas y aunque parezca caótico, funciona bastante bien. En la última y definitiva furgoneta conocimos a dos hermanos suecos que nos acompañarían durante nuestra estancia en las islas; juntos fuimos al puerto y cogimos el ferry con destino al parque marítimo de Koh Tarutao. Un archipiélago de 51 islas, donde todavía no ha llegado el turismo de masas, que se ha desarrollado en Tailandia.
El ferry duraría unas 3h y poco a poco nos iba acercando a un lugar maravilloso, que nos esperaba. Un mar de aguas color turquesa, playas de arena blanca, fondos de coral con miles de peces de colores y unas islas llenas de vegetación. Si esto no es el Paraíso… de otra forma no sabría denominarlo.

Dejamos el ferry para subirnos a un “long boat”, una embarcación típica de las islas; un barco pirata de madera, estrecho y alargado que nos llevaría a la playa de los sueños.
Llegamos a una primera playa, que no terminó de gustarnos, era un Paraíso demasiado grande y le sobraba gente, así que… continuamos en el barquito. No teníamos ni idea de donde acabaríamos, pero tampoco nos preocupaba, porque todo era idílico.

Poco después nos fuimos acercando a la siguiente parada, donde las vistas desde el barco eran muy prometedoras. Una playita con palmeras, de arena blanca y aguas cristalinas, con un color muy especial, como salida de una postal. En ella, tan sólo, un alojamiento con 20 bungalows. Unos franceses que iban con nosotros en el barco, se bajaban allí, entonces nosotros aprovechamos para preguntar si la conocían; al parecer tenían buenas referencias de otra persona, les habían dicho que era La Mejor para quedarse.
Mi instinto no me falló, desde que la vi, lo supe. Era el lugar donde debíamos bajar.
Allí desembarcamos los dos españoles, los suecos y los cuatro franceses. Playa de poniente (sunset) y el Porn Resort (si si el Porn Resort) otro Paraíso por descubrir.
La primera persona que nos recibió fue Jean Pierre, un tío más grande que un oso, con un corazón inmenso. Nos puso al corriente de todo, se lo conocía a la perfección, había estado allí como unas tres veces. El fue el que dio las referencias a los chicos franceses.

El Porn Resort regentado por una gran familia muy peculiar, de lo más thailandesa.
El cabeza de familia Key, su mujer, el bebe y los dos hermanitos, después… las hermanas, los tios, los otros niños y el abuelo. Contado así parece agobiante, pero todos ellos en amor y compañía, nos recibieron con esa sonrisa que a los thais les caracteriza.

Nos dieron la llave del bungalow y nada más ver la ubicación, enseguida percibimos la paz y el relax que allí se iba a respirar. Primerísima línea de playa, casita de madera, porche con excelentes vistas, sonido del mar las 24h. todo un lujo por el módico precio de 500Baths, al cambio unos 10€.

Se hizo tarde y comenzó a ponerse el sol, no teníamos del todo seguro que pudiésemos ver bien los atardeceres en esa playa, pero pronto pudimos comprobar que la playa era perfecta y los atardeceres también. De nuevo la brisa del mar en nuestras caras, la luz y esos colores mágicos que el sol nos deja cada día que se va. Al dejar las Perhentian me costaba creer que pudiera encontrar un lugar similar, pero una vez aquí me doy cuenta de que no sólo nos deparaba un paraíso, sino que hay alguno más y otros que quizás… aún quedan por llegar.
Kapum-ka por tener la suerte de conocer este lugar.


Esa misma noche quedamos para cenar los cinco, Mickael, Daniel, Jean Pierre, Ricardo y Vanesa. A partir de ese momento, entre nosotros hubo un filing muy especial que nos haría pasar gran parte del tiempo unidos como un clan.

Nuestros días en Koh Lipe fueron magníficos e inolvidables. Siempre recordaremos los largos y preciosos paseos en barco. En ellos disfrutábamos de tomar el sol en la proa, mientras el capitán nos llevaba de una playa a otra, y entre las diferentes islas, parábamos buscando los mejores puntos de inmersión.
Horas y horas haciendo Snorkel en aguas turquesas con increíbles fondos marinos (los más bonito que nunca he visto) llenos de peces, de corales, erizos y estrellas de mar, ect, con una diversidad de especies y de colores, tan bonitos…
Pesca desde el barco y pesca con arpón en el mar acompañando a Jean P. Una nueva e interesante experiencia para mí, que nunca había probado. también me enseñó a desarrollar mi capacidad de visión en el agua. Me encantó aprender a su lado donde estaban las huevas y como verlas, como unas flores de roca se escondían y aparecían con un mínimo movimiento, me enseñó las diferentes especies de estrellas de mar, peces que yo no conocía… fue un placer Jean P, Kapum-ka.

Todas las noches quedábamos para cenar y Jean Pierre organizaba el barco que saldría a la mañana siguiente en busca de nuevas aventuras e islas por descubrir.

Por las mañanas quedábamos a las 8, desayunábamos tranquilamente en el Porn Resort y organizábamos la salida. Material (gafas y aletas), comida para llevar (unas tortillitas francesas) y un par de cañas para pescar al curricán. Una vez, estaba todo en el barquito, salíamos con destino a las islas. Nos agolpábamos todos en la proa para tomar los primeros rayos de sol y mientras el capitán… preparaba las cañas para la pesca.

El primer día visitamos la isla de Koh Adang y otras dos cercanas; no tuvimos suerte en la pesca con caña, sin embargo, tanto Jean Pierre con un fúsil, como el capitán con un tirachinas y su arpón, se encargaron de llenar el barco de peces para la cena. Mientras tanto el resto del equipo disfrutaba de las aguas cristalinas, de los corales y de la gran variedad e infinidad de peces que había. Vimos Peces loro, payaso (Nemo) peces globo, peces baúl, preciosas estrellas de mar gigantes de color azul con pinchos negros, otras distintas que parecían estar hechas de goma de colores, tanta diversidad y tan increíble era ese fondo, que es difícil de explicar con palabras… Tras la primera sesión de buceo, parábamos para comer en una playa solitaria, debajo de un bonito árbol. Después el barco se volvía a poner en marcha, para bucear en otros puntos.



Por las tardes volvíamos a Koh Lipe antes del atardecer, limpiábamos el pescado y disfrutábamos de la puesta de sol. Tras una ducha volvíamos a juntarnos para comentar la jornada. Jean Pierre hablaba de la Pampa, su restaurante en Lyon, nosotros contábamos nuestras experiencias en estos tres meses de viaje, y Mickael y Daniel contaban las suyas, de su viaje en Australia y Nueva Zelanda.

Las cenas eran auténticos festivales de pescados: peces loro, meros, barracuda, caballa, labios gordos y otras variedades llenaban nuestra mesa. Nunca en la vida habíamos comido tanta cantidad y tan variada. Jean Pierre preparaba ceviche (pescado crudo marinado en limón) y las mujeres del resort freían los peces, unos con ajito, otros con salsa de curry y Key, preparaba los pescados más grandes en la barbacoa.

Uno de los días de los que salimos con el barco, Rico pescó una barracuda de 5 Kg, y yo vi un pulpo mientras hacía snorkel, rápidamente avisé al capitán y el lo mató con su arpón; también era bastante grande, pero no llegamos a probarlo, nos marchamos antes.


Deciros que en estos espléndidos días de pesca, Rico se acordó mucho de su padre y Vane…de mami y de Jose.

Así fue nuestra estancia en Koh Lipe, tan agradable, que en principio íbamos para tres días y acabaron siendo seis.
Todos los días iguales o muy parecidos; pero es que en el Paraíso no hay mucho más que hacer. Tan sólo disfrutar del sol, del mar, y de lo que cada uno de ellos te brinda. El sol nos regaló mágicos atardeceres y el mar nos enseñó su fondo marino y lo que habita en el. Lo demás es relax y tranquilidad, que te transmite con tan solo estar.

Realmente hay sitios que cuesta abandonar. Con mucha pena nos despedimos de estas islas y de los nuevos amigos, esperando pronto poder volver a disfrutar de esta paz.
Todavía nos quedan muchos kilómetros por recorrer y muchos otros sitios por visitar.

Nos vamos a Indonesia…

domingo, 16 de noviembre de 2008

MALASIA PENANG The Pearl of the Orient 26 y 27Oct


Desde Khota Baru cogimos un minibus que nos llevaría hasta el puerto y una vez allí montaríamos en el ferry que nos cruzaría a la Isla de Penang. El camino del bus fue bonito: campos de arroz, jungla, aldeas…
La llegada al ferry fue al atardecer, justo para disfrutar de una preciosa puesta de sol desde el mar.
Nada más pisar tierra firme comenzamos nuestra típica búsqueda de alojamiento, que no nos resultó demasiado complicado. Estábamos en GeorgeTonw el casco antiguo de Penang; una fusión de armonía multirracial nos invadía todos los sentidos.
El Youth Hostel seleccionado, 75 Travellers Lodge, muy peculiar, ya os contaremos mas adelante.
La primera impresión de Penang fue curiosa, la verdad es que es una ciudad con mucha influencia de culturas, pero también un tanto extraña y tiene bastante que ver con la gente que habita en ella, no nos referimos a los Malayos; nos referimos a otro tipo de personas, que un día pensaron en irse de su país para mejorar su calidad de vida y al descubrir que Malasia era baratísima y con buen tiempo todo el año…allí se plantaron y todos acabaron en el mismo sitio: Penang-Georgetonw; pero muchos de ellos creemos que ni siquiera tienen casa, si no que viven en Youth Hostel, son de diferentes nacionalidades y un tanto raritos o muy raros. Empezamos a comprobarlo desde la primera noche en el Youth H. había tipos muy extraños, que no pertenecían al grupo de backpakers.
Al que 1º conocimos fue al quedao número uno, un guitarrista cantautor, que estaba totalmente establecido en una de las habitaciones del Y.H. se aplicaba bastante, de echo no hacía otra cosa, pero era muy malo. La primera noche, tuvimos concierto gratis, pudimos oírle desde nuestro cuarto y tela… menos mal que no estaba en la habitación de al lado.
A la mañana siguiente nos levantamos para visitar la ciudad y al salir del Youth, en el hall vimos a los otros raros. Tres tipos uno de cada manera sentados en el sillón de la recepción viendo la tele como si estuvieran en el sofá de su casa, junto con el recepcionista que también era un tanto peculiar. Se notaba que no llevaban allí ni un día ni dos, eran como una familia, muy rara, pero una pequeña familia.
Salimos del Hostal y ya en nuestra calle pudimos ver la gran influencia que todavía conserva la isla de cuando estuvieron en las diferentes épocas los Ingleses, los Holandeses y los Portugueses. Las casas son de diferentes colores, tienen fachadas con soportales altos, las ventanas son alargadas, algunas de aspecto colonial, otras te recuerdan estar en de Lisboa o Porto... todo ello mezclado es un conjunto histórico artístico que hace de ella, Patrimonio de la Humanidad.





Primeramente fuimos a buscar un sitio para el desayuno y encontramos uno de gente local muy típico, en el que hacían unos Rotis buenísimos, (una especie de crep hecho con una harina especial que puede ir acompañado de salsa un poco picante, curry, dal-lentejas o si lo prefieres… con salsa dulce, te dan leche condensada) y de beber Te Tarik (te con leche condensada), todo no llega a 3€; estos son los dos grandes descubrimientos de Malasia: Te Tarik y Roti Canai.


Después de un energético desayuno nos fuimos a pasear por sus calles, para ver los distintos lugares de interés. Mientras… nos distraían la gran cantidad de edificios históricos que posee, la mayoría son Heritage. También es fácil encontrarse con alguna que otra mansión y con templos en mitad de una calle. Fue un paseo muy agradable y nos dimos cuenta de que Penang tenía mucho de interés que merecía ser visitado.



Por la tarde nos acercamos caminando a ver la zona del paseo marítimo para seguir viendo. Allí estaba el Fort Cornwallis, fuerte que todavía se conserva, City Hall, Town Hall, iglesias, la torre del reloj y alguna mansión. Hicimos un pequeño descanso en un puesto de la calle donde vendían te tarik y dulces caseros buenísimos; aprovechamos para merendar y después continuamos. Después de la paliza, ya anocheciendo, acabamos de casualidad en Little India, allí vimos un templo muy parecido a los de Hampi (India), nos hizo mucha ilusión rememorar India. La zona estaba bastante animada, pero no nos quedamos mucho tiempo, porque ya estábamos cansados y Rico desde Perhentian está con dolor de oído y aquí le está agudizando. Llegamos al Youth y allí seguían los mismos que habíamos dejado por la mañana. Deben dedicarse a eso…




Langkawi 29-30 oct



Nuestro siguiente destino era Langkawi, otra isla con hermosas playas y maravillas naturales al norte de Penang, que nos conectaría con Tailandia y las islas del archipiélago de Koh Tarutao, una reserva marina que prometía.

Lo primero que hicimos tras llegar a Langkawi fue alquilar una moto. Pasamos el resto del día visitando la isla y disfrutando del sol y del viento en nuestras caras, mientras conducíamos por esas carreteras.

Visitamos una zona de jungla. Durante todo el camino nos acompañaron unos monos marrones con una mala leche increíble; ni siquiera un palo que llevábamos en la mano les hacía amedrentarse. El objetivo era llegar a unas cataratas, ver la caída del agua y después subir por encima de ellas para divisar el mar. Arriba encontramos unas pozas en las que yo disfruté de un baño mientras Vanesa hacia fotos al paisaje. En un momento de descuido aparecieron unos monos de los del camino, como Vanesa había dejado sus cosas al otro lado de la poza… tuvo que cruzarla apresuradamente, tan rápido que tropezó y se cayó enterita en el agua, con tan mala suerte que llevaba en una mano la cámara de fotos; lo mismo me pasó a mí, por intentar salvarla. Mientras los dos buceábamos en la corriente e intentábamos salir del atolladero la cámara de fotos pasaba de mano en mano, manteniéndola siempre en alto evitando que se mojara. Menos mal que Vanesa consiguió más o menos reincorporarse, o más bien mantener el equilibrio, (aún permanecía tumbada) y yo pude pasársela de nuevo. Ella al instante, sin perder ni un segundo se la pasó seguidamente a una mano que vio extendida en la otra orilla, era una chica que había presenciado el espectáculo y gracias a su buena voluntad y a que estaba en tierra firme, puso a salvo la cámara. Menuda escena, para grabarla y verla después a cámara lenta, porque todo sucedió tan rápido, que analizando la situación no sabíamos las veces que nos la conseguimos pasar, menos mal que se nos apareció un ángel.















Tras la aventura con los monos nos fuimos a una de las playas más lejanas de la Isla para ver la puesta de sol, estaba tan lejos que según el mapa, allí terminaba la carretera, pero no pudimos comprobarlo, al igual que tampoco pudimos ver la puesta, ya que a tan sólo unos kilómetros de ella… se nos estropeó la moto. El sistema de arranque automático no funcionaba, estábamos en la otra punta de la isla y comenzaba a oscurecer muy rápido. Después de varios intentos fallidos, decidimos parar a algún coche, pero no hubo suerte, la noche si nos echaba encima y los mosquitos también. Menos mal que Vanesa descubrió que tenía pedal de arranque, porque si no hubiese sido una noche muy larga. Tuvimos casi una hora de viaje para llegar al alojamiento, pero una vez allí nos fuimos a celebrarlo con una espléndida cena de pescado a la barbacoa.


























Por la mañana cogimos otra vez la moto y pasamos el día comprando los billetes para Tailandia y una cámara reflex para Vanesa. Por la tarde fuimos a ver la puesta de sol a una playa super bonita y a la vuelta tuvimos sesión de monzón, tuvimos que parar una media hora, nos empezó a caer la del pulpo. Otra vez se nos echó la noche encima y tuvimos otra horita de vuelta en la oscuridad. Menos mal que a la vuelta nos esperaba más pescado a la barbacoa, por el módico precio de 40RM…menos de 10€

Tras cenar estábamos agotados y nos fuimos a la cama con tristeza, pensando que dejaríamos atrás Malasia. Un país que nos ha encantado, su gente, la mezcla de culturas musulmana, hindú y china, la herencia cultural que se ve en sus ciudades, los paisajes, la jungla, las playas y la comida, todo ha sido maravilloso aquí y muy fácil.
Esperamos volver pronto.

Penang 2 pendiente

Penang 1 pendient

sábado, 8 de noviembre de 2008

Malasia - Islasw Perhentian 22-25 Oct


El trayecto a las Islas Perhentian fue toda una aventura, o más bien un deporte de riesgo. Fuimos en una barca rápida que llevaba dos motores de 400 caballos a una velocidad de impresión. Al patrón le dió igual que la mar estuviese un poco picada, él estaba encantado con su timón y mientras nosotros dábamos unos botes, que nos hacían levantar tres palmos del asiento. Menos mal que llegando a las islas redujo la velocidad y pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares.
Realmente estos malayos están como cabras; toda la tranquilidad que tienen en sus vidas, la transforman en adrenalina cuando van al volante o al timón.

Nos esperaban dos islas llenas de playitas de arena blanca y aguas cristalinas. Para nosotros fue la entrada al Paraíso. Después de llevar tres meses intensos de viaje y haber dejado atrás China (que no fue tarea fácil), ya veníamos necesitando el mar y la tranquilidad que se respira estando cerca de el.

Nos decidimos por ir a la Bahía del Coral - Coral Bay, la isla más pequeña. Previa recomendación de nuestras amigas, que nos habían comentado que era la playa más tranquila y sin dudarlo allí nos dirigimos.

Al llegar a Coral Bay nos dimos cuenta que habíamos acertado de pleno. Una bahía, en la que cerca de la playa había pequeños chalets, dos chiringuitos y alguna barquita en la orilla. Decidimos quedarnos en unos regentados por una pareja alemana-malayo. Tampoco había mucho donde elegir, ya que el Paraíso también se cierra cuando se aproxima el monzón. Aprovechando esto y la escasez de turistas, nos lo ofrecieron más barato que el resto, y por 25Ringgys (que no llega a 6€) allí nos quedamos.
Dejamos las mochilas y nos fuimos de expedición, la primera excursión de buceo. Fuimos a Romantic Beach, una playa preciosa, cercana a la nuestra. Allí tuvimos nuestra primera toma de contacto con el mundo submarino; vimos los primeros peces y corales; la visibilidad fue bastante buena, el agua a parte de estar caliente, era totalmente cristalina, que más se puede pedir?? La toma de contacto fue estupenda, nos quedamos impresionados con la vida y el color del fondo marino, hasta ahora no habíamos visto nada igual; peces multicolores, corales diversos, plantas acuáticas… Estuvimos casi dos horas metidos sol en el agua, mientras el sol se ponía, no sabíamos a que atender. Fue maravilloso.


Después fuimos al chiringuito a cenar y por 15RM unos 4€, nos cocinaron una rodaja de pescado con salsa de ajo y otra con salsa de tomate y especias, nos supo a gloria.

Por la mañana desayunamos tranquilamente y vimos la otra fauna de la isla, la terrestre. Unos lagartos que llegan a medir un metro y medio, que pudimos observar muy de cerca ya que estaban justo enfrente de nuestra mesa. Impresionantes, vaya bichos…

Contratamos una excursión de buceo (a pulmón) que nos llevaría a 5 puntos diferentes entre las dos islas, para ver las distintas especies. Y nos dijeron, que si no veíamos tortugas, nos devolvían el dinero. Fuimos primero al Faro, situado enfrente de nuestra playa, pero como había poca visibilidad en el agua, nos dirigimos a Turtle point y voilá… vimos, nadamos y buceamos con tortugas de metro y medio; qué animal más maravilloso, la sensación de sumergirse en el agua, bajar a dos metros y medio de profundidad y aguantar un poquito en el fondo, viendo como la tortuga se alimenta y te mira tranquilamente como diciendo ¿pero qué hacen estos aquí?, como de la gente que nos acompañó, casi nadie sabía sumergirse, (la mitad eran Chinos) nosotros lo disfrutamos por todos, como niños; los dos estábamos alucinados con las tortugas, no parábamos de hacer inmersiones continuas, para sentir de nuevo estar cerca de ellas y poder tocarlas. Cada 10-15min. si tienes suerte ves como la tortuga se prepara lentamente para salir al exterior. Tú en ese mismo instante, puedes bajar para subir con ella delante. Si lo consigues…hasta te olvidas de que tienes que respirar, apoyas las manos ligeramente y vas casi rozando su caparazón y cuando llegas a la superficie, ves como saca la cabeza dos o tres veces, mira y después vuelve al fondo. Es un momento realmente mágico, ellas hacen que lo sea. Fue una experiencia inolvidable. No queríamos abandonar ese lugar.

Tras Turtle Point fuimos al Jardín de Coral donde había muchísimas especies, peces loro de medio metro, pez ángel, unos azul turquesa con las aletas y alguna mancha fucsia, otros multicolores… junto con los peces estaba el coral de todos distintas formas y colores, anémonas y dentro de ellas, peces payaso como Nemo, super simpáticos, nos dejaban acariciarlos con el dedo… un auténtico paraíso marino.

Después fuimos a Shark Point, nueva inmersión, esta vez con tiburones de aleta negra. Al sumergirnos no tuvimos miedo ya que habíamos nadado con tiburones, por nuestra cuenta en Thailandia. Vimos dos de un metro aprox., pero como suelen ser muy esquivos, decidimos concentrarnos en el coral y en los peces. Por últimos volvimos al Faro donde había colonias de peces, (más o menos alimentados), cientos de peces nadaban a tu lado mientras les dabas de comer pan de tu mano.


Por lo que dicen y por lo que hemos comprobado, estas islas son uno de los mejores lugares del mundo para hacer snorkel. Realmente nadar junto a las tortugas ha sido una de las experiencias más bonitas que hemos tenido en nuestra vida.

Tras la merecida cena, una charlita con los vecinos del chalet (el chalet es tan sólo un baño y una camita, lo más básico que os podáis imaginar) y después a la cama a descansar y a soñar con pececitos, que aquí no hay mucho más que hacer.

Al día siguiente, repetimos la experiencia, pero esta vez nos lo tomamos con mucha más calma, las inmersiones fueron más relajadas, y la visibilidad fue peor, porque la noche anterior llovió. Pero sólo por el paseo en barco y las vistas, mereció la pena.

Volvimos a Coral Bay justo para ver la puesta de sol. Nos pareció que las nubes y el sol prometían, pero jamás esperábamos ese magnífico atardecer.
De repente el cielo comenzó a llenarse de luz y de color; tonos rosáceos, violetas, mezcla de amarillos con naranjas y otros, que no sabría describir. Su destello cada vez más intenso, daba la sensación de que el cielo se extendiera, hasta que todo a nuestro alrededor empezó a reflejar con una luz de color especial, esa luz iluminó nuestras caras y puso en ellas una sonrisa imborrable, que iba acompañada de plena felicidad. En momentos como este sólo puedes pensar que la vida es maravillosa y que nosotros somos muy afortunados por poder verla de esa manera.
Se despidió de nosotros un esplendido día, viendo como El Sol quemaba las nubes y a su vez regalaba su reflejo al Mar.



Fue probablemente la puesta de sol, más bonita que hemos tenido en nuestras vidas.

Por la noche cenamos con nuestros vecinos, una pareja inglesa-suiza y otra irlandesa-australiana. Después de charlar con ellos… por sus recomendaciones, seguramente vamos a reducir la ruta por Australia e invertir más tiempo en Indonesia, con la intención de llegar hasta las Islas Fiji. Suena bien ¿verdad?

El día siguiente lo dedicamos a relajarnos y a contemplar nuestro pequeño paraíso. Por la tarde alquilamos una canoa y repetimos Turtle Point por tercera vez, no podíamos hacernos a la idea de dejar un lugar tan maravilloso. Tuvimos la grata sorpresa de encontrarnos con la misma tortuga del primer día; la diferenciamos, porque una hélice la había amputado media aleta. Estuvimos nadando con ella, hasta que tuvimos que despedirnos. Bajamos los dos al fondo y la dijimos adiós, y parece ser que ella también quiso despedirse de nosotros, porque subió a la superficie y estuvo un buen rato hasta que se fue.

La tarde nos deparaba otra sorpresa, pensábamos que la puesta de sol no sería tan bella como la del día anterior, pero nos equivocamos. Nuevamente el cielo se llenó de otros colores, y como despedida nos regaló un interminable y espectacular atardecer, que nos dejó boquiabiertos y sin palabras.


Al día siguiente abandonaríamos la Isla, siendo conscientes de que habíamos descubierto el Paraíso. Un lugar donde no hay carreteras, ni coches que circulen por ellas; donde no hay tiendas, ni gente que quiera comprar; donde no hay agua caliente para tomar una ducha, y la que hay es fría y además limitada; donde la luz solo funciona por las noches en horario restringido; donde no hay nada que hacer, pero tampoco necesitas hacer algo; donde no tienes nada, pero…está lo que te FELIZ…Acaso no es bastante disfrutar del Mar con su increíble fondo marino y del Sol con esos deslumbrantes amaneceres y atardeceres??? Para nosotros es más que suficiente.
No sólo es la belleza del lugar lo que nos ha hecho enamorarnos de esta Isla, la gente que allí vive, los malayos, han conquistado nuestros corazones. Son todo amor y cariño, amables, simpáticos, educados, sólo tenemos buenas palabras para ellos, porque todo este tiempo que llevamos en Malasia, nos han llenado de paz y de felicidad. Incondicionalmente te regalan la mejor de sus sonrisas; por ello y por ser como son de encantadores, queremos darles las gracias.