Antes de llegar a Queenston hicimos una parada en Cronwell, un pueblecito curioso de ver, situado al lado de un precioso lago que tiene el agua azul más bonita que hasta ahora habíamos visto. En el se conservan aún casas antiguas rehabilitadas. Al pasear por sus calles puedes remontarte a aquella época y hacerte una idea de cómo vivían. Esta era una zona en la que había muchas minas de oro.
Nuestro destino final era Queenstown, (225.384Km) un pueblo muy agradable a orillas del inmenso lago Wakatipu. Más conocido por ser la cuna del salto al vacío (bungy jumping) y por sus miles de actividades, wakeboard, rafting, parapente, ala delta, vuelos en helicóptero… Si Nueva Zelanda es el país en el que más se promocionan este tipo de actividades, Queenstown es el lugar para practicarlas todas. Aparte de esto, NZ tiene una red inmensa de caminos increíbles, que es lo que más nos interesaba, dado que todos ellos están preparados, bien señalizados y disponen de albergues para alojarte cuando el trekking supera el día. Las zonas que se atraviesan son: selvas tropicales (rainforest), zonas prealpinas, glaciares, tracks que van cerca del mar …es sin duda unos de los mejores países para hacer senderismo.
En Queenstown pasamos la mañana haciendo un pequeño trekking de subida a una colina. Un paseo muy bonito, ya que en esta época del año el campo todavía esta en flor y es muy agradable ver como todo está lleno de color. Una vez arriba tuvimos una panorámica magnífica del valle y del lago Wakatipu. Después, dimos un paseo cerca del lago y pudimos ver cormoranes en el embarcadero, una estampa muy chula. Con tanta caminata nos entró hambre y decidimos irnos a comer algo al pueblo. Aprovechando de que el día era soleado y las terrazas estaban animadas, allí nos sentamos y degustamos de un vino de la zona, que son excelentes.
Por la tarde continuamos el camino bordeando el lago y disfrutando de las vistas de los remarcables, las montañas que rodean el valle.
Por la noche llegamos al lago Te Anau y cansados de todo el día nos pusimos a buscar un lugar donde poder dormir. Todo estaba bastante oscuro, pero finalmente encontramos un buen sitio en un caminillo en el campo. Allí aparcamos nuestra pequeña casa móvil.
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