sábado, 20 de diciembre de 2008

INDONESIA 18-20Nov Isla de Java YogYakarta

Llegamos a Yogyakarta con la intención de descansar un poco, Sumatra nos había dejado la mente llena de emociones pero el cuerpo baldado así que esta vez escogimos un alojamiento un poco por encima de lo acostumbrado, pagamos 100.000 rupias (unos 6,6 euros) por noche en un sitio precioso en el centro de Yogya.

Nos levantamos para visitar la ciudad, los mercados, el palacio del raja etc., nuestros planes cambiaron pronto ya que nos dirigieron al art center, una galería de pinturas batik/trampa de turistas donde nos pasamos toda la mañana viendo y comprando telas, cuando nos quisimos dar cuenta eran casi las dos de la tarde, con las manos llenas de pinturas y los bolsillos vacíos de rupias. Nos fuimos al palacio del raja, sólo para comprobar que ya lo habían cerrado. El resto del día lo pasamos visitando centros de artesanías de marionetas, plata etc… esta vez pudimos resistirnos a comprar.
Por la noche, disfrutamos de una cena en condiciones, tenedor, cuchillo, una cerveza y el auténtico solomillo de Australia. Cuanto tiempo sin disfrutar de un buen trozo de carne. Se nos hizo la boca agua nada más de tenerlo enfrente, todo un placer abandonar la dieta de noodles y arroz de los últimos dos meses.

Al día siguiente volvimos a la rutina de las visitas, un día de descanso había sido suficiente. Nos levantamos a las cinco de la mañana para coger el primer autobús que nos llevaría al templo budista de Borobudur, a unos 40 Km de Yogya. A eso de las 6 de la mañana ya estábamos allí. Tras un café con galletas en los puestecillos… compramos nuestra entrada y cogimos un guía oficial. Allí pasamos unas tres horas asombrándonos de la construcción de este templo hecho de piedra volcánica y de los grabados que hay en ellas, que detallan la vida de Buda. Pudimos disfrutar de las estatuas en los diferentes niveles del templo, hasta llegar al último…el nirvana.
Seguimos nuestras andanzas hacia el templo hinduista de Prambanan. El mismo autobús que nos llevó a Borobudur, nos trajo de vuelta a la estación de Yogya y de allí un bemo nos acercó a Prambanan. En el camino comenzó a llover, y según avanzábamos la lluvia era más fuerte, pero aún así decidimos ir al Templo. En el Bemo conocimos a un chico de Yogya que nos acompañaría todo el trayecto y se quedaría con nosotros hasta por la noche. Juntos visitamos los templos. Esperamos en un pequeño techo a que parara de llover, pero pasados 15min. Desistimos.


La visita fue pasada por agua y la vuelta también. Fue impactante ver el desastre ocasionado por el terremoto que asoló a Yogya. Muchos templos derruidos, piedras amontonadas por todas partes…pero aún así poder disfrutar de Prambanan fue una maravilla, los templos de los que se compone el conjunto arquitectónico son muy similares a los de Cambodia en Angkor Wat y al verlos nos hicieron revivir aquellos momentos, ya sólo por eso mereció la pena. Pobres Indonesios entre las catástrofes naturales y los atentados, no levantan cabeza, sin embargo siempre se les ve tan sonrientes y tan optimistas que te preguntas de donde sacaran ese carisma
Volver a la ciudad fue toda una aventura, acabamos los tres en fila india bajo la capa da agua de Ricardo, como el Gusano Loco, os acordáis??? no os imaginais lo que caía, tanto…que los chubasqueros no fueron suficientes.
Tras las visitas a los templos no pudimos resistirnos a otro solomillo y después de la cena nos fuimos a un teatro de sombras de marionetas; una de las antiguas tradiciones de Sumatra en la que se representa la historia de Ramayana.
El día siguiente lo dedicamos a trastear por la ciudad. Acordamos con un abuelete muy agradable conductor de ricksaw, llamado Rubio (si tenía nombre español) en cogerle por todo el día. Juntos nos fuimos a ver el mercado de aves (vaya caso hacemos nosotros a las recomendaciones sobre la gripe aviar…), el antiguo palacio de verano (harén) del raja, el palacio del raja… el resto del tiempo lo dedicamos a hacer pequeñas compras y un envío de 15Kg a España.
Cenamos, nos conectamos a Internet y a la una de la mañana cogimos el tren nocturno que nos llevaría a nuestro siguiente destino, el volcán de Bromo.

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