sábado, 6 de diciembre de 2008

INDONESIA - Isla de Sumatra - Jungla Bukit Lawan 10-11 NOV


Desde Koh Lipe volvimos a Penang para pasar a Indonesia a través de Malasia, ya que las conexiones Tailandia-Indonesia no son muy buenas. Nuevamente cruzamos la frontera, esta vez en furgoneta, tras 7 horas de viaje llegamos a Penang Gorgetow.


El siguiente día en Penang lo dedicamos a buscar la mejor forma para llegar a Indonesia y a descansar tras el duro viaje del día anterior. Finalmente desechamos la opción del ferry y volamos esa misma noche a Medan, la principal ciudad de Sumatra (Indonesia).La llegada sería como a las 12, bastante tarde para entrar en un país de nuevas, pero ni nos lo planteamos, con tal de ahorrar tiempo.

Nada más llegar nos dimos cuenta de la gran diferencia que existe entre los otros países visitados, comparado con Indonesia. El desarrollo de éste último es mucho menor, salta a la vista. De nuevo, dejábamos atrás el viaje fácil, para volver a meternos de lleno en la aventura.

Encontrar un hotel a altas horas de la noche nos resultó un poco odisea, pero tampoco lo pensamos demasiado, ya que estábamos cansados y al día siguiente nos tocaba madrugón. Nos quedamos en uno, que la puerta de entrada era como la de un garaje, la recepción: una mesa con una silla mal puesta y un chico que aparecía por debajo de ella que dormía allí mismo. Subimos por unas escaleras repugnantes, y os podéis imaginar como estaban las habitaciones. Era de lo más asqueroso que hemos visto, te daba cosa hasta arrimarte a las paredes, y del baño ya… ni entramos en detalles; sólo os cuento que para lavarse había un cubículo donde echaban agua limpia y con un cazo de plástico te servías la que necesitabas, por supuesto, fría. Me da la impresión de que en este país todavía no han llegado las duchas, ni los wc con tapa.

El primer despertar en Indonesia fue con la llamada a la oración del muezín, a las 5 de la mañana. Nos agradó bastante, porque nos trajo recuerdos de Túnez y Marruecos.

Recogimos rápido y nos fuimos a coger un autobús que nos llevaría a la jungla de Bukit Lawan. Nos resultó imposible localizarlo, había muchos minibus, que por llevarnos nos cobraban una pasta y no nos daban margen para negociar. Son increíbles no les da pereza ni a esas horas. El transporte público nunca apareció y finalmente gracias a una dependienta de una tienda y a su hija, conseguimos un minibus por un precio muy razonable.

Eran las siete de la mañana cuando dejamos Medan. El viaje a la jungla fue el más apretado que henos tenido nunca y posiblemente uno de los más baratos; por cuatro horas de viaje pagamos 20.000 RP rupias (1,5 €), así que el conductor tuvo que amortizarlo llenando la furgoneta hasta arriba. La 1ª media hora fuimos cómodamente echados cada uno en un asiento, sin esperarnos lo que se avecinaba, pero en cuestión de minutos y unas cuantas paraditas, el coche se llenó de gente hasta los topes. No nos lo creíamos, hubo un rato en el llegamos a estar dentro 17 personas y un niño, cuatro por cada fila de asientos y el niño encima. Por otro lado las cajas y bolsas que llevaban. La señora de al lado con una caja enorme que nos tapaba a las dos, Rico atrás con tres, una mochila encima, y no sabemos cuantas bolsas de palomitas dulces pudieron meter alli; mientras el conductor pillaba unos baches… que nos miraba por el retrovisor partiéndose de risa al ver nuestras caras. Aún con toda esa gente, las innumerables paradas y los miles de baches que nos machacaban la espalda, no llegamos a agobiarnos ni un momento; tan sólo escuchar sus risas cuando nos levantábamos todos un palmo del asiento, los intentos de seguir haciendo hueco en cada parada, para que entrara más gente y sus chapurreos en Inglés intentando hablar con nosotros de cualquier manera; hicieron que el viaje fuera agradable y se hiciera hasta corto. Increíble, pero cierto.

Si el trayecto en minibús fue apretado… desde la estación al pueblo, por un estilo, súper divertido. Montamos en una moto con sidecar, cuatro personas y nuestras 4 maletas. Estos Indonesios ahorran una cantidad de espacio!!!Igualito que nosotros, que ya, rara vez viajamos cinco en un coche.

Nada más llegar al pueblo contratamos un trekking para estar dos días en Bukit Lawang y una vez allí, entrar en la reserva de Bohorok, en la que habitan Orangutanes de diferentes especies, donde es bastante probable poder verlos.

Tras dejar nuestras maletas en un cuarto, marchamos con una mochila y dos guías (Ady y Andy) al interior de la jungla. Poco a poco nos fuimos adentrando en ella y en la medida que avanzábamos el camino se hacía más complicado. Numerosos obstáculos (árboles caídos, lianas, raíces) con empinadas subidas y bajadas, que a parte de la pendiente tenían un suelo muy resbaladizo, por las lluvias y la humedad del ambiente. Sumergirse en la jungla es interesante, pero también realmente duro.


Tras una hora de camino encontramos tres orangutanes con una cría, Ady, se empezó a poner bastante nervioso al ver que uno de ellos era agresivo; como no, nos tuvo que tocar. De repente sentimos que nos miraba con cara de pocos amigos y cuando nos quisimos dar cuenta, el animalito se dirigía enfurecido rápidamente hacia nosotros. Tras unos momentos de tensión y un miedo atroz, Andy consiguió captar la atención del orangután y alejarlo de nosotros. Pasados unos minutos recuperamos la calma y pudimos disfrutar de los otros dos orangutanes inofensivos, Bohorok y April.

Más tarde los guías nos contarían la historia de la hembra con la cría. Mina, un orangután que hace tiempo se hizo el amo de esa zona. Acostumbrada a los humanos, sabiendo que en sus mochilas hay comida, y bien, o se la das o te la quita… Mina te hace pagar el peaje por entrar en la selva. La única manera de quitártela de encima es ir con dos guías y mientras uno la distrae con plátanos, el otro aleja al resto del grupo. Se trata de evitar que te siga, ya que no es la primera vez que roba una mochila a un turista o muerde a un guía que intenta evitar que le quite la comida del grupo.

Dejamos atrás a los orangutanes, para seguir adentrándonos en la selva. Durante el resto del viaje tan sólo vimos un grupo de monos marrones como los que vimos en Langkawi (pero estos sin mala leche), hormigas gigantes y alguna que otra oruga venenosa, con más pelo que los propios orangutanes.

Finalmente y tras 5 horas de pateada llegamos reventados al campamento. Una tienda, especie de jaima hecha a base de plástico y palos de bambú sería nuestro techo, y una colchoneta nuestra cama por esa noche.

De cenar nos dieron un pollo cocinado con azúcar de palma tostado, que nos supo a gloria, curry de verduras y otro pollo cocinado con chile que con sólo olerlo ya picaba. Tras la cena estuvimos jugando a las cartas con los guías y cocineros. Ellos nos hicieron trucos de magia con la cartas (fue gracioso, les pille en uno que me enseñó mi abuelo y se sorprendieron bastante) también nos mostraron otros juegos, y nosotros les enseñamos un juego que aprendimos en otro trekking que hicimos en la selva del norte de Tailandia en Chiang Mai, que consiste en que cada uno se pide un animal y memoriza los de los demás y cuando tu carta coincide con la de otro jugador, tienes que imitar el sonido de su animal. Fue divertidísimo, les dolía la tripa y la mandíbula de reírse, y a nosotros igual, hacia tiempo que no lo pasábamos tan bien, estuvo genial.

Por la mañana volvimos por otro camino diferente, nos enseñaron unas cascadas preciosas y vimos monos de cresta blanca (Punky monkeys los llaman por aquí) y como no a mitad de camino… Mina nos estaba esperando; otra vez tuvieron que montar toda la parafernalia hasta conseguir apartarla del camino. Menos mal que esta vez no se arrancó hacia nosotros. Media hora más tarde encontramos a otra hembra con una cría, pero que tranquilamente se dedicó a comer hojas, un nido de termitas y amamantar a su cría. Estuvimos casi media hora observando, viendo cómo cuidaba del bebé y el cariño que mostraban el uno con el otro; nos sentimos conmocionados y muy privilegiados por poder disfrutar de escenas tan maravillosas en plena naturaleza.



Tras unas cuatro horas de vuelta llegamos como a las 12:30 al pueblo, agotados y sin parar a descansar, en ese mismo instante cogimos las mochilas y nos fuimos a Berastagi. Con pena dejamos atrás a nuestros guías y a los orangutanes.

En esta ocasión nos resultó sencillo coger el bus público que nos llevaría de vuelta a Medan. Es toda una experiencia ir con la gente local, al principio te sientes observado, pero luego pasas a ser como uno mas. Después de coger tres minibuses públicos y tres horas más en furgoneta (esta vez no tan llena) conseguimos llegar a Berastagi a las 9 de la noche; un duro viaje de 7 horas. Cansadísimos buscamos alojamiento y exhaustos nos fuimos a la cama. A la mañana siguiente madrugaríamos para ver Gunung Sibayak, un volcán de Sumatra que merece ser visitado.

No hay comentarios: