Aquí huele a azufre!!!
El día que pasamos en Berastagi también fue intenso. Nos levantarnos a las 7 de la mañana para coger el primer autobús que nos subiría hasta la base del volcán Gunung Sibayak (
Fue comenzar a caminar, y enseguida darnos cuenta de que la ruta sería por una carretera empinadísima, en la que apenas había tramos para darnos un respiro. A mitad de camino vimos una pareja de chimpancés; a diferencia de los orangutanes los chimpancés son mucho más activos y tienen una agilidad increíble que les permite moverse y saltar entre las ramas de los árboles fácilmente, tanto, que fue imposible poder hacerles ninguna foto.
Tras nuestro encuentro con los chimpancés seguimos la ascensión dejando atrás la carretera para coger un sendero. El camino seguía siendo muy empinado, pero al ser bastante transitado, la jungla no lo había cubierto, por lo que apenas encontramos obstáculos que nos retrasaran la subida. En la subida tan sólo nos acompañó el sonido de las chicharras y un olor intenso a azufre que nos llegaba de vez en cuando.
Tres horas después de empezar la caminata entramos en una zona más frondosa llena de vegetación, que nos indicó el camino para llegar hasta el inicio de lo que sería el volcán. Poco a poco el sendero se fue abriendo hasta quedar ante nuestros ojos un auténtico paisaje lunar. A lo lejos… 10 ó 12 fumarolas desprendían con fuerza vapor de agua y mirando hacía arriba se podía divisar el cráter del volcán, la vista era maravillosa.
Nos mantuvimos en silencio, tan sólo observando aquella impresionante escena; después continuamos caminando para acercarnos a las fumarolas y poder sentir el vapor en nuestras caras, pero el hedor del azufre era insoportable. Dejándolas atrás llegamos al cráter del volcán; el escenario era mas parecido al planeta Marte, que a un lugar de la tierra. Tuvimos la sensación de estar presenciando algo maravilloso, la naturaleza de nuevo nos obsequiaba con un regalo sorprendente.
Bajamos por el mismo camino y en tan sólo hora y media nos presentamos en el alojamiento de Berastagi. Fue tan rápida la bajada que hasta el chico del hotel se quedó alucinado. Nuestra pretensión era coger el bus de las 2 y llegar a
El trayecto, como no, fue apretado y movido, pero muy divertido. No sabemos si hicimos 4 ó 5 cambios de furgoneta y a cual más llena. De repente paraban en el camino y decían el nombre de un pueblo; había gente que subía y gente que bajaba, y nosotros sin tener ni idea de donde hacer el cambio de vehículo…ellos se encargaban de dirigirnos. A todo esto añadiéndole el trajín de las mochilas atadas con cuerdas en la parte de arriba junto con no se cuantos bultos y cajas que llevaba la demás gente. Parecía un absoluto caos, pero lo organizaban que te cagas. Hubo una parada en la que llovía a cantaros y a nosotros nos tocaba cambiar, y mientras conseguíamos salir del vehículo pasando por encima de la gente, uno desataba el equipaje del techo y otro se adelantaba y nos esperaba con un paraguas abierto para que no nos mojáramos al pasar de un coche a otro, estaban casi pegados, pero se tomaban las molestías (son unos cielitos) Lo gracioso era que si Rico salía antes que Vane, el conductor aprovechaba que Rico no le veía para pedirla besos. Te tenías que reír, son como niños.
Finalmente y tras la gran aventura conseguimos llegar al puerto de Parapat, pero eran las 8 de la noche y ya no había más ferrys. Menos mal que empezó a llegar gente local que necesitaba cruzar a
Llegamos sanos y salvos, aunque esquivamos todos los baches del mundo, pero en cuanto vimos aquellas casas de madera con sus bonitos frentes pintados y su perfecta ubicación con las excelentes vistas al lago…rápidamente olvidamos la odisea del viaje y sentimos que realmente mereció la pena arriesgar.
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