Llegamos por la noche y nos quedamos a dormir en un albergue, por la mañana, a las 8 ya estábamos recogiendo la furgoneta y saliendo para nuestro primer destino, el lago Tekapo (vaya nombrecito…).
Durante el trayecto empezamos a ver qué nos esperaría a lo largo de estos 21 días, kilómetros de pastos verdes y rebaños inmensos de oveja merina, de vez en cuando algún pueblecito con 20 ó 30 casas y apenas nada de circulación.
Nueva Zelanda es un país del tamaño de Inglaterra con una población de tan sólo 4 millones de personas, por lo que hay una cantidad inmensa de zonas con una densidad de población muy baja, lo que ellos llaman pueblo nosotros lo llamaríamos aldeas y lo que para ellos es una ciudad, para nosotros es un pueblo.
Llegamos al lago Tekapo y también vimos lo que nos acompañaría casi el resto del viaje: la lluvia, la hemos tenido de todas las formas y tamaños, mojabobos, con ventisca, continua durante dos días o intermitente, de gotas gordas o finas. El agua ha sido una constante en este viaje, bien desde el cielo como esa maldita/bendita lluvia que hace que todo sea de ese verde increíble, bien en los innumerables ríos, arroyos, lagos y cascadas que hemos visto y como no, estando en una isla, en ese maravilloso y helado mar que la rodea.
En Nueva Zelanda todo son paisajes por lo que como esta vez tuvimos una lluvia densa, apenas pudimos disfrutar del día, lo que tenía que haber sido una de las vistas más bonitas de la isla, la pequeña iglesia con el lago y el Mt Cook detrás, se quedó tan sólo en la pequeña iglesia…
Seguimos nuestro camino visitando el lago Pukaki con destino el monte Cook para hacer un trekking por la zona. En el camino se nos cruzaron varias liebres y una mucho me temo que acabó primero debajo de nuestras ruedas y después en la cazuela… algo había que hacer con el animalito, así que lo recogimos, lo despellejamos y troceamos y al día siguiente nos hicimos una liebre con arroz que se nos saltaron las lágrimas.
En un albergue del DOC pasamos la primera noche, al borde del monte Cook, dormimos como niños apretados el uno contra el otro en nuestra casa caracol.
Por la mañana, nos hicimos un trekking hasta llegar al glaciar del monte, disfrutamos un montón del camino, rodeados de montañas coronadas por nieve, del riachuelo del agua del deshielo, del lago glaciar y del glaciar en sí. Volvimos por el mismo camino y pusimos rumbo a Queenstown, esperando aclarara un poco el día o que por lo menos no nos lloviera.
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