De nuevo Nueva Zelanda volvía a sorprendernos. A las 8 y media de la mañana estábamos en el primer barco que se adentraba en los fiordos de Milford.
Nos despertamos encañonados en una boca de agua, entre dos paredes de unos mil metros de altura y de aprox. un kilómetro de ancho.
Aquí el agua dulce de la desembocadura del río, flota sobre la del mar, al ser menos densa y justo debajo de esta pequeña superficie curiosamente habitan especies marinas que solo se pueden encontrar en las profundidades del mar.
En las laderas de estas montañas crece un bosque impenetrable, húmedo y de un verde precioso que mires donde mires, caen de el cascadas desbordantes de agua. Parecen ríos blancos resbalando sobre las rocas, que descienden en forma de catarata. Durante todo el camino ese impresionante paisaje estuvo presente.

De regalo, tuvimos una inesperable sorpresa… Delfines. Estuvieron cerca del barco, jugando, saltando y haciendo cabriolas para nosotros. Fue increíble verlos y más aún en un enclave tan maravilloso como este. Una imagen tan bonita, que será difícil de olvidar.
Navegamos unos diez kilómetros por el cañón estrecho hasta llegar a mar abierto. Es bonito experimentar la sensación de ver como el cañón se abre para dar salida al inmenso mar.
Después nos dimos la vuelta para seguir disfrutando del viaje y de una colonia de focas que vive en el fiordo. El capitán del barco nos acercó tanto que casi podíamos tocarlas. Preciosa estampa verlas allí a todas.
Dos horas nos supieron a poco, así que tuvimos la suerte de que el capitán nos invitara a repetir. No podíamos sentirnos más afortunados.
A mediodía estábamos de nuevo en la furgoneta, volvíamos por el mismo camino que hicimos para llegar desde Te Anau, pero no nos importó para nada cruzar de nuevo el Homer Túnel y disfrutar de las bonitas vistas que tiene esta carretera. Al igual que la otra, que va bordeando el lago hasta que llega a Queenstown, el paisaje es tan impresionante que te obliga a parar en todos los view point que te encuentras.

Que lugares tan maravillosos… nunca pensamos que en esta isla pudiese existir tanta diversidad. Estamos encantados y prácticamente acabamos de empezar.
Aunque cuando pensamos en lo lejos que estamos de todo y de todos, nos entra la nostalgia y más aún, con las fechas que se aproximan.
La distancia separa, pero jamás hace que olvidemos a los que más queremos.