sábado, 4 de octubre de 2008

Wuthai Shan 13-14 Sept.






De Datong partimos a primera hora, hacia la montaña sagrada de Wutai Shan, sin saber realmente lo que nos depararía ese lugar, ya que es un sitio perdido y poco frecuentado por turistas, nadie nos había dado referencias, pero nos atraía lo que decía la guía.

El viaje en autobús fue una pasada, (si obviamos los ruiditos del personal y el volumen de la música y de las pelis, más alto no lo pueden poner) sobre todo cuanto más nos acercábamos al destino. Un valle rodeado de montañas con el pico más alto de 3.000 metros. Para llegar a el atravesamos un puerto con unas vistas muy bonitas, por una carretera serpenteante que daba vértigo, y si mirabas el río que estaba a bastantes metros por debajo, más.
La entrada al valle estaba marcada con un inmenso arco de mármol blanco.

Tras una bajada espectacular llegamos a Wutai Shan. Situado en un enclave maravilloso se encuentran unos 50 monasterios dispersos entre el valle y la montaña. Sorprendente.
El resto del día lo dedicamos a pasear y a visitar los templos, y sin encontrarnos ni a un sólo turista occidental. El lugar tiene mucho encanto y los monasterios están totalmente activos. Wutai Shan sigue siendo un sitio de retiro y de peregrinación para los budistas de china. Por todas partes encuentras monjes y monjas con sus atuendos, que van a orar a los diferentes templos, y al cruzarte con ellos te brindan su sonrisa o te saludan. Notas que se respira un cierto aire espiritual, en la zona. La pena fue que coincidimos con una de las pocas vacaciones que tienen en China y el lugar estaba menos tranquilo que lo habitual.



Visitamos dos monasterios muy bonitos y al atardecer cogimos un telesilla que nos llevó a lo alto de otro, donde teníamos vistas tanto del pueblo, como de los diferentes picos del valle. Allí disfrutamos de la puesta de sol, hasta que llegaron unos universitarios que no pararon de hacernos preguntas, y… cuando cogieron confianza querian hacerse un montón de fotos con nosotros. Al final resultaron ser muy simpáticos.


Bajamos de la montaña y nos fuimos a cenar a los puestos de la calle, ya que no nos habían convencido los restaurantes que vimos por la mañana. La verdad es que tuvimos una experiencia un tanto desagradable con la camarera que nos atendió. Los hechos sucedieron así: Nos disponíamos a mirar la carta para pedir la comida…ella espera delante, y mientras nosotros nos decidíamos, la guarra no paraba de escupir al suelo. Te miraba, esperaba y escupía. Increíble, pero cierto y aunque os parezca mentira, allí comimos. Hay veces que no sabes porque reaccionas de una manera y no de otra.
Al final te vas dando cuenta que muchas veces los puestos de la calle en China, son más higiénicos que los restaurantes. La comida que pides la cocinan al momento y puedes ver que no te están echando nada que lleve tiempo en la nevera….
Miramos varios y elegimos tres puestos, en uno compramos un crepe de huevo a la plancha (buenísimo) en otro noodles y en el último codillo y unas chuletas de cordero para acompañar la pasta, y todo por tan sólo unos 5€, al cambio. Después de este homenaje nos fuimos a dormir. Hoy ha sido el cumple de mami, pensaba llamarla, pero desde aquí estamos incomunicados totalmente.


A la mañana siguiente nos levantamos temprano para ir a ver un monasterio/fortaleza que había en las afueras del pueblo. Que fue el que más nos gustó; apenas había gente y los monjes eran súper amables, se acercaban a nosotros para saludarnos, incluso a la hora de comer nos quisieron invitar a tomar parte de su comida. Aparte del “buen rollo”, el monasterio tenía unas tallas en piedra preciosas y las vistas eran una pasada (cada templo con su patio, estaban una azotea por encima del anterior).

Terminamos la visita y nos fuimos a comer a un restaurante que hacían una especie de puchero,, tu elegías de que carne lo querías (cerdo, ternera, cordero…) y después seleccionabas más ingredientes para añadirle, nosotros nos comimos uno de cerdo con setas y patatas. Nos costó tan sólo 60 Yuanes, al cambio 6 €.Nada más terminar nos fuimos a la estación de autobús, nos esperaban 5 horas para llegar a Taiyuan y luego otra horita y media de tren a Pinyao. El viaje puso a prueba nuestra resistencia, ya que el autobús era un minibus que iba hasta arriba de gente y los asientos eran tan pequeños que a Vanesa con su 1,53 le daban las rodillas si el de delante se reclinaba. No había un asiento libre, pero el tío no paraba de recoger a gente por el camino, que al final acababan sentándose en sus maletas, bidones o lo que llevaran consigo, hasta hubo uno que para esconderse de un control policial se echó una siestecita encima de nuestras mochilas!!!
Y para colmo los videos musicales de cantantes chinos, a un volumen que puede ser hasta perjudicial para el tímpano. Es horrible, y cuando se cansan de la música te ponen las pelis… al mismo tono. Pero por si esto no fuera suficiente… está prohibido fumar, pero algunos fuman a escondidas, se creen que por esconderse, no huele. Al final sales del autobús ahumado, mareado y con la cabeza como un bombo.

Pensamos que el tren sería más descansado, craso error; los asientos que nos dieron eran hard seats (asientos duros), estos son los que eligen la mayoría de los chinos para sus viajes por ser los más baratos y los únicos que pueden permitirse. Duros, duros, un respaldo recto que te destroza, pero lo peor es que se puede fumar y no veas cuando se ponen, no paran, es uno detrás de otro… Eso sí los tios super majetes, venga a ofrecernos cigarrillos… Vaya rato pasamos con lo mal que llevamos nosotros el humo.

Después de la paliza…llegamos por la noche a Pinyao y gracias a Dios tuvimos nuestra recompensa, el albergue era una pasada, ya os contaremos…

Descansad amigos.

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