Tras la aventura del tren nocturno… llegamos a Datong,a las 6:30 de la mañana.
Nada más aterrizar, nos encontramos a un chino que estaba rescatando turistas dormidos, como nosotros, para que contratáramos con él una excursión; como era justo lo que queríamos visitar, pues sin más miramientos la cogimos. La excursión nos llevaría a un Monasterio colgante y a las Cuevas de Yungang
Con la llegada a Datong, supimos que era el comienzo de ver lo que sería la China más profunda. Prueba de ello, su apariencia; se mostraba bastante más caótica que Beijín, aparte de ser de color gris, era una ciudad vieja, sucia y desordenada. El mundo de repente se te viene encima y sólo puedes pensar en la suerte que tienes por haber nacido, dónde has nacido.
Antes de partir a los lugares de interés, fuimos a desayunar, (que por cierto encontramos churros, los estaban haciendo en un puesto de la calle) y a buscar el hotel para esa noche. Tras un breve descanso nos pusimos en marcha, junto con un matrimonio de uruguayos, una belga y dos polacos. Hicimos buenas migas con la chica belga y nos vino genial, para intercambiar información. Nos hizo varias recomendaciones y entre ellas, parar en un pueblecito llamado Pingyao, anotándonos tb donde debíamos de alojarnos. Después nos orientó bastante bien hacia donde seguir, ya que venía en dirección opuesta a la nuestra y había hecho la ruta desde el oeste, viniendo de Kazajstan.
Hicimos dos horitas de coche y nada más llegar al monasterio, nos llevamos una grata sorpresa. No teníamos ni idea de que se tratara de ese monasterio colgante que habíamos visto tantas veces en todas las postales relacionadas con los sitios más bellos de China, y que nosotros mismos lo teníamos en la lista de lugares pendientes de visitar. Fue realmente suerte haber llegado a el, porque por nuestra cuenta jamás lo hubiésemos conseguido.
Monasterio del año1200 DC, es una auténtica joyita; fue construido en la montaña, bueno, más bien está suspendido en ella, a una gran altura, muy por encima del río, para evitar las crecidas de éste. Se construyó como lugar de oración para pedir que las cosechas no fuesen arrasadas por las continuas inundaciones que sufría la zona.
Por ahora es uno de los lugares que más nos ha maravillado, todavía conserva todo su encanto, sin apenas haberse rehabilitado. El lugar donde finalmente decidieron construirlo fue exhaustivamente estudiado, para que siempre estuviera resguardado del sol, del viento y del agua, con el fin de que perdurara con su belleza en el tiempo. En el puedes imaginar y hacerte una gran idea de las condiciones en las que vivían los monjes, durante los casi 700 años que lo habitaron.
Después del Monasterio nos fuimos a comer y de allí a las Cuevas de Yungang.
Las cuevas que en su día estaban protegidas por templos de madera, fueron excavadas para tallar en ellas diferentes motivos budistas, son unas 25 en total, con más de 50.000 budas esculpidos en piedra, que se dice pronto. Los hay de todos los tamaños, desde budas gigantes a pequeñas miniaturas con todo lujo de detalle. En una de las cuevas se pueden ver escenas representadas con esculturas, que muestran la historia de buda, desde su nacimiento hasta que abandonó su reino, para dedicarse a la meditación. Un trabajo impresionante que ha llegado hasta nuestros días.
Nada más aterrizar, nos encontramos a un chino que estaba rescatando turistas dormidos, como nosotros, para que contratáramos con él una excursión; como era justo lo que queríamos visitar, pues sin más miramientos la cogimos. La excursión nos llevaría a un Monasterio colgante y a las Cuevas de Yungang
Con la llegada a Datong, supimos que era el comienzo de ver lo que sería la China más profunda. Prueba de ello, su apariencia; se mostraba bastante más caótica que Beijín, aparte de ser de color gris, era una ciudad vieja, sucia y desordenada. El mundo de repente se te viene encima y sólo puedes pensar en la suerte que tienes por haber nacido, dónde has nacido.
Antes de partir a los lugares de interés, fuimos a desayunar, (que por cierto encontramos churros, los estaban haciendo en un puesto de la calle) y a buscar el hotel para esa noche. Tras un breve descanso nos pusimos en marcha, junto con un matrimonio de uruguayos, una belga y dos polacos. Hicimos buenas migas con la chica belga y nos vino genial, para intercambiar información. Nos hizo varias recomendaciones y entre ellas, parar en un pueblecito llamado Pingyao, anotándonos tb donde debíamos de alojarnos. Después nos orientó bastante bien hacia donde seguir, ya que venía en dirección opuesta a la nuestra y había hecho la ruta desde el oeste, viniendo de Kazajstan.
Hicimos dos horitas de coche y nada más llegar al monasterio, nos llevamos una grata sorpresa. No teníamos ni idea de que se tratara de ese monasterio colgante que habíamos visto tantas veces en todas las postales relacionadas con los sitios más bellos de China, y que nosotros mismos lo teníamos en la lista de lugares pendientes de visitar. Fue realmente suerte haber llegado a el, porque por nuestra cuenta jamás lo hubiésemos conseguido.
Monasterio del año1200 DC, es una auténtica joyita; fue construido en la montaña, bueno, más bien está suspendido en ella, a una gran altura, muy por encima del río, para evitar las crecidas de éste. Se construyó como lugar de oración para pedir que las cosechas no fuesen arrasadas por las continuas inundaciones que sufría la zona.
Por ahora es uno de los lugares que más nos ha maravillado, todavía conserva todo su encanto, sin apenas haberse rehabilitado. El lugar donde finalmente decidieron construirlo fue exhaustivamente estudiado, para que siempre estuviera resguardado del sol, del viento y del agua, con el fin de que perdurara con su belleza en el tiempo. En el puedes imaginar y hacerte una gran idea de las condiciones en las que vivían los monjes, durante los casi 700 años que lo habitaron.
Después del Monasterio nos fuimos a comer y de allí a las Cuevas de Yungang.
Las cuevas que en su día estaban protegidas por templos de madera, fueron excavadas para tallar en ellas diferentes motivos budistas, son unas 25 en total, con más de 50.000 budas esculpidos en piedra, que se dice pronto. Los hay de todos los tamaños, desde budas gigantes a pequeñas miniaturas con todo lujo de detalle. En una de las cuevas se pueden ver escenas representadas con esculturas, que muestran la historia de buda, desde su nacimiento hasta que abandonó su reino, para dedicarse a la meditación. Un trabajo impresionante que ha llegado hasta nuestros días.
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