jueves, 9 de octubre de 2008

Langzhorn 19-20 Sept




















Otro tren nocturno nos dejó en guanyan y de allí 6 horas de autobús nos acercarían a Langzhong, nuestro siguiente destino, un pueblo recomendado en la lonely planet del que no teníamos demasiada información.

El viaje en autobús fue una maravilla, atravesamos un valle plagado de aldeas y pequeños campos de arroz y maíz, en las terrazas veías secarse las mazorcas de maíz y cerdos, vacas y gallinas no dejaban de cruzarse en nuestro camino haciendo nuestro viaje más lento.

Una vez llegamos a Langzhong, cogimos unos triciclos para que nos llevaran al hotel, como íbamos tan cargados tuvimos que coger uno cada uno. El paseo fue de lo más divertido, hasta el triciclo de Vanesa tuvo un pequeño accidente chocando con un postecillo…. El viaje nos mostró la maravilla de pueblo que nos esperaba, a la entrada un mercadillo con las especias, los tintes, los animales y la comida y un poco después el centro del pueblo totalmente acogedor. A diferencia de Pinyao las casas no están totalmente construidas de madera, la madera se mezcla con el adobe y sobre éste, una capa de pintura de color blanco. Los tejados tienen una forma preciosa, todos terminan en pico. Las tejas color pizarra, el color blanco de las paredes y la madera le dan al pueblo un aire especial.

Langzhong es un pueblo que vive cara al río, un paseo al lado de la orilla hizo que la noche que allí pasamos fuera mágica. Tanto nuestra orilla como la de enfrente estaban iluminadas y el reflejo de las luces en el río era todo un espectáculo.

La mañana siguiente la pasamos en la otra orilla visitando una montaña en la que había templos taoistas. Aparte de los templos, las vistas de Langzhong, de los tejados y las torres del pueblo nos gustaron mucho, además no todo fueron templos, en la misma zona tenían construido un pequeño parque de atracciones, no pudimos por menos que darnos una vuelta en los Karts made in China!!!!





Por la tarde volvimos al centro y a una de las torres, llevábamos toda la mañana pensando en los noodles que habíamos cenado la noche anterior y queríamos repetir. Probablemente haya sido la mejor pasta que hemos comido en nuestra vida, la más simple, aliñada tan sólo con un poquito de carne y especias, seguro que la más fresca ya que el cocinero cortaba la masa y le daba la forma a los espaguetis o tallarines según tus preferencias y la cocía en un momento, una auténtica delicia.








Por la tarde cogimos la carretera hacia Chengdu, mucho me temo que dejábamos atrás unas aldeas y un pueblo encantador para meternos otra vez en el bullicio y la contaminación de otra gran ciudad china.

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