Pingyao, un pueblo Patrimonio de la humanidad, bálsamo frente a la locura y la contaminación de Beijing o Datong.
Nada más ver el albergue, nos dimos cuenta que en ese pueblo se respiraba otro ambiente. Para empezar el alojamiento era una antigua mansión de comerciantes, toda construida en madera, con patios interiores que conectaban con las diferentes zonas de habitaciones. En la entrada una amplia terraza que ocupaba la fachada pincipal y en la recepción un salón muy tranquilo, donde descansaban y pasaban el rato la mayoría de los huéspedes.
Nos levantamos tarde y desayunamos tranquilamente en la terracita, después fuimos a pasear por las calles de Pinyao. El centro antiguo está totalmente amurallado y dentro de las murallas hay dos calles principales, en ellas hay típicas casas de madera con sus antiguos patios, estas son las más comerciales. Al salir de ellas, es cuando puedes profundizar y ver la forma de vida que tienen sus gentes y respirar otro ambiente más popular. Ves que son las mismas casas, pero que la rehabilitación no ha llegado, porque son viviendas de gente humilde, puedes pasar tiempo observando sus patios con ropa tendida, sus pequeños jardines y huertos, la gente cocinando, los niños jugando y a los abuelos pasar el rato con sus dominós, damas chinas y cartas. Detrás de cada puerta hay un rincón maravilloso. Perdiéndote vas encontrando estos rincones no señalados en el mapa así como otras casas de comerciantes y gente importante que se han ido rehabilitando y lucen en todo su esplendor.


Las diferentes mansiones y templos de Pinyao puedes visitarlas con un pase que cuesta unos 12 €, por nuestra parte tuvimos bastante con verlas por fuera, fue todo un acierto ya que hay unos 20 sitios para visitar y como somos, si hubiésemos comprado el ticket no hubiésemos parado hasta poner una cruz en cada uno de ellos. En cambio dedicamos el día a pasear tranquilamente, tomarnos una cervecita en los puestos de la calle y descansar en el “chill out” del hotel.
La cena tocó otra vez en los puestos de la calle, no pudimos resistir la tentación de ver cómo cocinaban los noodles en un wok y te los servían recién hechos en unos mesas pequeñas con unos taburetes. Los noodles acompañados de una cervecita nos supieron a gloria.
El día siguiente fue igual o más relajado, apenas dimos un paseo por el pueblo y lo dedicamos a poner al día el blog, cargando la primera parte de china y ordenar los millares de fotos que Vanesa está haciendo. Comida y cena en el albergue, conversar con la gente del hotel y otros mochileros y disfrutar de un día de asueto. Por la noche nos esperaba otro tren nocturno con destino los guerreros de Xian…
Hasta pronto amigos.
Nada más ver el albergue, nos dimos cuenta que en ese pueblo se respiraba otro ambiente. Para empezar el alojamiento era una antigua mansión de comerciantes, toda construida en madera, con patios interiores que conectaban con las diferentes zonas de habitaciones. En la entrada una amplia terraza que ocupaba la fachada pincipal y en la recepción un salón muy tranquilo, donde descansaban y pasaban el rato la mayoría de los huéspedes.
Nos levantamos tarde y desayunamos tranquilamente en la terracita, después fuimos a pasear por las calles de Pinyao. El centro antiguo está totalmente amurallado y dentro de las murallas hay dos calles principales, en ellas hay típicas casas de madera con sus antiguos patios, estas son las más comerciales. Al salir de ellas, es cuando puedes profundizar y ver la forma de vida que tienen sus gentes y respirar otro ambiente más popular. Ves que son las mismas casas, pero que la rehabilitación no ha llegado, porque son viviendas de gente humilde, puedes pasar tiempo observando sus patios con ropa tendida, sus pequeños jardines y huertos, la gente cocinando, los niños jugando y a los abuelos pasar el rato con sus dominós, damas chinas y cartas. Detrás de cada puerta hay un rincón maravilloso. Perdiéndote vas encontrando estos rincones no señalados en el mapa así como otras casas de comerciantes y gente importante que se han ido rehabilitando y lucen en todo su esplendor.
Las diferentes mansiones y templos de Pinyao puedes visitarlas con un pase que cuesta unos 12 €, por nuestra parte tuvimos bastante con verlas por fuera, fue todo un acierto ya que hay unos 20 sitios para visitar y como somos, si hubiésemos comprado el ticket no hubiésemos parado hasta poner una cruz en cada uno de ellos. En cambio dedicamos el día a pasear tranquilamente, tomarnos una cervecita en los puestos de la calle y descansar en el “chill out” del hotel.
La cena tocó otra vez en los puestos de la calle, no pudimos resistir la tentación de ver cómo cocinaban los noodles en un wok y te los servían recién hechos en unos mesas pequeñas con unos taburetes. Los noodles acompañados de una cervecita nos supieron a gloria.
El día siguiente fue igual o más relajado, apenas dimos un paseo por el pueblo y lo dedicamos a poner al día el blog, cargando la primera parte de china y ordenar los millares de fotos que Vanesa está haciendo. Comida y cena en el albergue, conversar con la gente del hotel y otros mochileros y disfrutar de un día de asueto. Por la noche nos esperaba otro tren nocturno con destino los guerreros de Xian…
Hasta pronto amigos.
1 comentario:
Hola soy el tito Julio que envidia me das,pasarlo bién un abrazo.Julio
Publicar un comentario