martes, 14 de octubre de 2008

Lijianj 23 sept


El vuelo desde Chengdu llegó sobre las 11:00 de la noche a Lijiang.
Del aeropuerto nos fuimos directos al alojamiento recomendado: La Casa de Mama Naxi, un lugar muy especial, del que todo el mundo nos había hablado.

Los Pobladores Naxis viven en Lijiang y son los descendientes de los antiguos Quing, nómadas que emigraron al sur como otras tribus montañesas, los cuales dieron origen a varias de las otras minorías de Yunnan. Los Naxis se distinguen de las otras, por haber mantenido la predominancia de las mujeres en su sociedad. Las mujeres Naxis tienen un papel muy importante, ellas son dueñas y herederas de las propiedades y toman la mayoría de las decisiones, pero también hacen todo el trabajo.

Mama Naxi: casa regentada por una familia un tanto peculiar; y la susodicha, una Naxi ejemplar, a parte de ser un personaje a destacar. Si pasas por Lijiang es de obligado cumplimiento conocerla y ella estará encantada de recibirte muy familiarmente.

La llegada a Lijiang fue preciosa, la ciudad deslumbraba belleza con su tenue luz difuminada en los tejados negros, dando paso a sus laberínticas calles empedradas llenas de canales cruzados por sus bonitos puentes de piedra. Es una maravilla sumergirte en ella y verla iluminada con sus farolillos chinos reflejados en el agua, transmitiéndote serenidad y una paz que sólo se siente en
un lugar tan mágico como este.





Nos dieron un magnífico recibimiento los dos molinos de agua antiguos que posee, y que todavía siguen funcionando y conservando todo su esplendor.

Dado a que la ciudad es un laberinto de calles y canales, no fuimos capaces de encontrar el alojamiento y tuvimos que llamar para que nos vinieran a recoger a la puerta de un conocido hotel. Tardaron unos minutos en llegar dos chinitas muy majas, dispuestas a ayudarnos con las mochilas y a no parar de hacernos preguntas; tuvimos la sensación de conocerlas de toda la vida. Nosotros sólo nos ocupamos de responder y de seguirlas. Pasamos por calles, pasadizos y la casa…no apareía. Hasta que al llegar a una callejuela, ellas se detuvieron delante de una puerta de madera y detrás… alli estaba el patio y la casa de Mama Naxi; nos miramos y los dos dijimos: ni aunque hubiesemos estado toda la noche buscando, lo habríamos encontrado. Entonces entendimos las recomendaciones y la insistencia de la gente que ya conocia el lugar, decían: no intenteis llegar, teneis que llamar y ellas os recogeran. Mama Naxi lo tiene todo controlado.

Por la mañana desayunamos en el acogedor patio de la casa y allí conocimos a Rafael, un chico americano que nos orientó sobre lo que hacer en los próximos días. El venía de hacer un trekking por Shangri-La, la frontera con el Tibet y no paró de hablarnos maravillas del paisaje y de la gente tibetana de esta zona. Nosotros ya teníamos planeado hacer el famoso trekking “Tiger Leaping Gorge”, pero después de terminar de hablar con él, no pudimos resistir la tentación de cambiar nuestros planes, para empezar a estudiar la aproximación al Tibet.



En Lijiang pasamos un día muy agradable. Decidimos caminar sin rumbo y perdernos por sus calles, disfrutando de su ambiente con sus gentes, viendo sus bonitos puentes y canales.
En el paseo encontramos una tienda donde vendían varios tipos de carne y aprovechando que era la hora de comer, compramos una pieza de solomillo de Yak, nos la cortaron en lonchas y nos la pusieron para llevar en bolsa de plástico, como acostumbran a hacer con toda la comida, aquí se estila mucho el Take Away (meten hasta la sopa de noodles en bolsas) la carne buenísima, nos supo a gloria después de tanto tiempo sin comerla.
Por la noche la famosa cena comunitaria, en casa de Mama Naxi, pagas 10Y (1€) y todos los huéspedes se sientan y esperan a que les sirvan todo tipo de platos, pollo, brocoli, carne, maíz salteado… y por supuesto todo ello, como no, acompañado de arroz. Cenas con la gente, compartes mesa - platos y experiencias de viaje.



Por la noche fuimos a dar un paseo por el pueblo iluminado y donde por la tarde había rincones preciosos… la oscuridad lo había convertido en una calle llena de bares, pubs, con música, baile, copas y muchos chinos con ganas de fiesta. No tardamos demasiado en abandonarla…

Aunque Lijianj es un lugar idílico, también tiene el inconveniente de que es demasiado turístico; para verlo y tener una sensación de más autenticidad, hay que visitarlo por la mañana muy temprano.

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