El viaje de Lijiang a Shangri-la ha sido uno de los más bonitos que hemos hecho en nuestra vida, dejamos atrás el valle para poco a poco ir ascendiendo entre montañas, hasta llegar a una altitud de 3.200 metros, 200 kilómetros en 7 horas, que se te hacen cortas con las vistas tan maravillosas que hay, y sobre todo con las granjas tibetanas que se encuentran diseminadas durante todo el camino.
Realmente estábamos dejando china para entrar en el tibet, las diferencias entre una y la otra son abismales. Del polvo y la polución que nos habíamos encontrado en la mayoría de los caminos pasamos a ver unos campos verdes, frente a los chamizos de viviendas en los bordes de las carreteras veíamos granjas preciosas con tallas de madera en las puertas y ventas y pinturas decorativas en la parte de debajo del tejado. Por primera vez vimos Yaks, un buey lanudo, majestuoso. Todo lo que veíamos nos gustaba, un buen auspicio para los días que esperábamos pasar en esta frontera con el Tibet.
Realmente estábamos dejando china para entrar en el tibet, las diferencias entre una y la otra son abismales. Del polvo y la polución que nos habíamos encontrado en la mayoría de los caminos pasamos a ver unos campos verdes, frente a los chamizos de viviendas en los bordes de las carreteras veíamos granjas preciosas con tallas de madera en las puertas y ventas y pinturas decorativas en la parte de debajo del tejado. Por primera vez vimos Yaks, un buey lanudo, majestuoso. Todo lo que veíamos nos gustaba, un buen auspicio para los días que esperábamos pasar en esta frontera con el Tibet.
Cuando llegamos a Shangri-la fuimos corriendo a buscar el albergue, Kevin´s Trekker Inn, Rafael nos lo había recomendado para que nos informara del trekking que luego haríamos en Deqin. Dejamos las cosas y alquilamos un tandem, no podíamos esperar ni un minuto para dar una vuelta por los alrededores y visitar alguna de las aldeas tibetanas. El paseo en bici estuvo genial, la gente era muy divertida, todo el mundo nos saludaba, hello, hello. Los campos verdes, las sonrisas, las granjas, los yaks y las montañas que nos rodeaban hacían que nos acordáramos que estábamos en uno de los lugares más maravillosos del mundo.
Comimos en una granja de unos tibetanos que por señas nos indicaron si queríamos comer, arroz y-un té infumable hecho con mantequilla de arroz fue nuestra sencilla comida. Pensamos que nos iban a invitar ya que son muy hospitalarios, mucho me temo que esta vez la jugada fue un poco diferente, les dimos 20 yuanes y cada mochuelo a su olivo….
De vuelta a Shangri-la visitamos el antiguo pueblo tibetano, lo que sería la parte vieja de la ciudad formado por una aglomeración de las mismas granja tibetanas que habíamos visto durante el camino y en la aldea que visitamos, subimos a un templo tibetano que hay en el pueblo desde donde teníamos unas vistas maravillosas de los tejados.

Por la tarde fuimos con el tandem a visitar un monasterio budista, el más grande del Suroeste de China. Otra auténtica pasada, la belleza tanto del monasterio como de su ubicación nos tenía cautivados.
Llegamos justo lantes de loa rezos y los monjes más jóvenes estaban jugando en el patio, Vanesa no paró de hacer fotos en toda la tarde mientras yo mesentaba tranquilamente a disfrutar de lo que teníamos ante nuestros ojos. Estuvimos hasta la puesta del sol viendo escuchando los rezos y las campanillas del monasterio mientras en viento ondeaba las banderas votivas. Después volvimos a Shangrila a cenar y a descansar, nos esperaban otras 7 horas de autobús hacia Deqin
Comimos en una granja de unos tibetanos que por señas nos indicaron si queríamos comer, arroz y-un té infumable hecho con mantequilla de arroz fue nuestra sencilla comida. Pensamos que nos iban a invitar ya que son muy hospitalarios, mucho me temo que esta vez la jugada fue un poco diferente, les dimos 20 yuanes y cada mochuelo a su olivo….
De vuelta a Shangri-la visitamos el antiguo pueblo tibetano, lo que sería la parte vieja de la ciudad formado por una aglomeración de las mismas granja tibetanas que habíamos visto durante el camino y en la aldea que visitamos, subimos a un templo tibetano que hay en el pueblo desde donde teníamos unas vistas maravillosas de los tejados.
Por la tarde fuimos con el tandem a visitar un monasterio budista, el más grande del Suroeste de China. Otra auténtica pasada, la belleza tanto del monasterio como de su ubicación nos tenía cautivados.
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