Vuelo de Tokyo a Beijing. Llegamos sobre las 3 de la tarde, en Japón serían las 2.
Nada más salir del aeropuerto nos dimos cuenta de la gran diferencia que existe entre China y Japón, en tan sólo unas horas habíamos dado en nuestro viaje un giro de 180 grados.
Nos subimos a un taxi, para que nos llevara al hotel y nada más montar…nos dio el recibimiento. No paró de escupir en todo el camino, menos mal que la ventanilla de atrás la llevábamos subida. Ya veníamos avisados, pero aun así no te imaginas que pueda ser tan desagradable. Y para colmo… no le bastó ser asqueroso, que además nos intentó timar. Se acabaron las comodidades de nuestro paso por Estados Unidos y Japón. China es otro mundo.
Aquí la gente te mira y te remira, desde que llegamos nos sentimos observados, es una sensación extraña, es como si fuéramos famosos.
El primer día en Beijing fue nuestra 1ª toma de contacto, intentamos llegar andando a un mercado nocturno, pero nos resultó complicado; en el intento nos encontramos con una chica belga que estaba perdida y dio la casualidad que ella quería ir también; al final entre los tres y gracias a la ayuda de una chinita que chapurreaba un poco de inglés, llegamos al mercado cogiendo un autobús. Tras conseguirlo, caimos en la cuenta de que todo iba a ser más complicado en este país, dado que comunicarse con ellos es casi imposible.
La tarde en el mercado fue muy agradable, pasamos por puestos que competían por ofrecer pinchitos a la brasa, algunos exóticos y otros repugnantes, como murciélagos, aracranes, escorpiones negros, gusanos… Al final nos decantamos por los exóticos, unas berenjenas en tempura y una especie de Kebab relleno de ingredientes que tú mismo eliges.


Nada más salir del aeropuerto nos dimos cuenta de la gran diferencia que existe entre China y Japón, en tan sólo unas horas habíamos dado en nuestro viaje un giro de 180 grados.
Nos subimos a un taxi, para que nos llevara al hotel y nada más montar…nos dio el recibimiento. No paró de escupir en todo el camino, menos mal que la ventanilla de atrás la llevábamos subida. Ya veníamos avisados, pero aun así no te imaginas que pueda ser tan desagradable. Y para colmo… no le bastó ser asqueroso, que además nos intentó timar. Se acabaron las comodidades de nuestro paso por Estados Unidos y Japón. China es otro mundo.
Aquí la gente te mira y te remira, desde que llegamos nos sentimos observados, es una sensación extraña, es como si fuéramos famosos.
El primer día en Beijing fue nuestra 1ª toma de contacto, intentamos llegar andando a un mercado nocturno, pero nos resultó complicado; en el intento nos encontramos con una chica belga que estaba perdida y dio la casualidad que ella quería ir también; al final entre los tres y gracias a la ayuda de una chinita que chapurreaba un poco de inglés, llegamos al mercado cogiendo un autobús. Tras conseguirlo, caimos en la cuenta de que todo iba a ser más complicado en este país, dado que comunicarse con ellos es casi imposible.
La tarde en el mercado fue muy agradable, pasamos por puestos que competían por ofrecer pinchitos a la brasa, algunos exóticos y otros repugnantes, como murciélagos, aracranes, escorpiones negros, gusanos… Al final nos decantamos por los exóticos, unas berenjenas en tempura y una especie de Kebab relleno de ingredientes que tú mismo eliges.
Al día siguiente fuimos a ver la Ciudad Prohibida, que es donde está el Palacio Imperial.
Le dedicamos casi todo el día y aún nos faltó tiempo, es inmenso, podrías dedicarle muchas horas más y aún te seguirían faltando. El palacio es una auténtica joya, impresiona por su grandeza, y por todos los subpalacios que contiene, por ellos vas accediendo y te vas encontrando plazas con escaleras labradas en piedra que son una maravilla. Cuenta con 4 palacios centrales y cada uno con sus respectivas plazas, a la derecha de éstos se encuentran situados los palacios de la madre del emperador y su emperatriz, así como el harén que podía llegar a las 3.000 concubinas.
En todos nuestros viajes no habíamos visto una construcción de tales dimensiones. Viendo esto te haces una idea del poder que tuvo el Emperador, de las riquezas y de la cultura que atesoró al Imperio Chino durante cientos de años.

Por la tarde nos fuimos a cenar a un conocido restaurante, había que probar el pato a la pekinesa, tanto el resto de los platos como el pato estaban exquisitos, mucho nos tememos que tampoco vamos a adelgazar aquí, la gastronomía china es excelente.
El tercer día en Beijing lo dedicamos a visitar las Tumbas Ming de los emperadores y La Gran Muralla. Fue un poco aventura ya que no quisimos contratar la excursión con una agencia. Teníamos que recorrer 100 Km en autobuses públicos, imaginaos la odisea. Llegar hasta las Tumbas no fue problema, todo salió perfecto, excepto por el taxista ilegal que cogimos que nos quiso cobrar el doble de lo que valía la carrera (aquí y en todo el mundo los taxistas parecen estar hechos de otra madera que la de la gente normal…).
El lugar una pasada. Entras en un subterráneo que baja como 5 pisos y allí están las tumbas, después paseamos por la fortaleza construida alrededor y los templos en los que estaban los objetos con los que los enterraban: sedas, porcelanas, jade, lingotes de plata y oro así como dos de las concubinas de mayor rango, ya que la emperatriz gozaba de posición al ser la madre del siguiente emperador y no tenía que acompañarle por la fuerza como las otra dos…Tardaban más de 10 años en prepararse la tumba, imaginad el coste y esfuerzo que esto suponía.


De vuelta de las tumbas visitamos el camino de la procesión funeraria. Se atraviesan diferentes puertas y un maravilloso corredor rodeado de gigantes estatuas que eran las que despedían al Emperador.


La siguiente fase: llegar a la Gran Muralla. Nuestra intención era ir a un lugar menos turístico que la zona de Badaling (que por lo visto es la más visitada) pero fuimos incapaces de entendernos con los taxistas. Tras dos intentos frustrantes con ellos y con los voluntarios de las olimpiadas, decidimos ir a Badaling, que resultaba más sencillo.
Tuvimos que coger 2 autobuses y en el cambio al segundo bus, la parada estaba llena de taxistas ilegales, como no, nos ofrecieron sus servicios, pero los rechazamos porque sabíamos perfectamente que nº de autobús teníamos que coger y los capullos cuando llegó el bus y fuimos a subir…todos gritaban: Nooooooooo, así que nosotros lo dejamos pasar pensando que no era, tras dos intentos de cogerlo y repetirse la misma situación, decidimos coger un taxi, acordando 1º el precio, pero el tío nos intentó llevar a otro lado de la muralla, para cobrarnos más pasta, al unísono bajamos del coche con un portazo, ambos con un cabreo… finalmente llegó nuestro autobús, ellos continuaron gritando y nosotros pudimos llegar a la Gran Muralla.
La Muralla. Increíble, un lugar para recordar toda nuestra vida, es indescriptible, lo que se siente cuando caminas por ella y ves kilómetros y kilómetros de muralla que separaba el mundo civilizado (china) de las hordas bárbaras de Mongolia. En su día llegó a tener 6.000 Kilómetros de largo, mide unos 6 metros de ancho, y está llena de torres defensivas y sus fuertes. Paseamos por ella, bueno, más bien escalamos (ya que sigue un trazado de terreno montañoso) y disfrutamos de unas horas maravillosas haciendo fotos y contemplando las espectaculares vistas.
Ver la Gran Muralla algo que siempre habíamos querido hacer, mucha gente sueña con ello. Es una maravilla, que no decepciona en absoluto.

La vuelta la hicimos en autobús público sin ningún problema…
El último día en Beijing lo queríamos dedicar a ver el Templo del cielo, el Templo Lama, el de Confucio y el Palacio de verano, pero sólo vimos los dos primeros. Las construcciones imperiales son gigantescas, crees que te va a dar tiempo y cuando estas en ellas, te das cuenta de que es imposible hacer la visita en una hora, requieren bastante mas; simplemente en el Templo del cielo, nos llevó toda la mañana, porque no puedes verlo e irte, es tan fascinante que quieres verlo por dentro, por fuera, contemplar la plaza, los diferentes templos utilizados para los rituales, en fin es asombroso; otra vez que nos quedamos boquiabiertos.
Le dedicamos casi todo el día y aún nos faltó tiempo, es inmenso, podrías dedicarle muchas horas más y aún te seguirían faltando. El palacio es una auténtica joya, impresiona por su grandeza, y por todos los subpalacios que contiene, por ellos vas accediendo y te vas encontrando plazas con escaleras labradas en piedra que son una maravilla. Cuenta con 4 palacios centrales y cada uno con sus respectivas plazas, a la derecha de éstos se encuentran situados los palacios de la madre del emperador y su emperatriz, así como el harén que podía llegar a las 3.000 concubinas.
En todos nuestros viajes no habíamos visto una construcción de tales dimensiones. Viendo esto te haces una idea del poder que tuvo el Emperador, de las riquezas y de la cultura que atesoró al Imperio Chino durante cientos de años.
Por la tarde nos fuimos a cenar a un conocido restaurante, había que probar el pato a la pekinesa, tanto el resto de los platos como el pato estaban exquisitos, mucho nos tememos que tampoco vamos a adelgazar aquí, la gastronomía china es excelente.
El tercer día en Beijing lo dedicamos a visitar las Tumbas Ming de los emperadores y La Gran Muralla. Fue un poco aventura ya que no quisimos contratar la excursión con una agencia. Teníamos que recorrer 100 Km en autobuses públicos, imaginaos la odisea. Llegar hasta las Tumbas no fue problema, todo salió perfecto, excepto por el taxista ilegal que cogimos que nos quiso cobrar el doble de lo que valía la carrera (aquí y en todo el mundo los taxistas parecen estar hechos de otra madera que la de la gente normal…).
El lugar una pasada. Entras en un subterráneo que baja como 5 pisos y allí están las tumbas, después paseamos por la fortaleza construida alrededor y los templos en los que estaban los objetos con los que los enterraban: sedas, porcelanas, jade, lingotes de plata y oro así como dos de las concubinas de mayor rango, ya que la emperatriz gozaba de posición al ser la madre del siguiente emperador y no tenía que acompañarle por la fuerza como las otra dos…Tardaban más de 10 años en prepararse la tumba, imaginad el coste y esfuerzo que esto suponía.
De vuelta de las tumbas visitamos el camino de la procesión funeraria. Se atraviesan diferentes puertas y un maravilloso corredor rodeado de gigantes estatuas que eran las que despedían al Emperador.
La siguiente fase: llegar a la Gran Muralla. Nuestra intención era ir a un lugar menos turístico que la zona de Badaling (que por lo visto es la más visitada) pero fuimos incapaces de entendernos con los taxistas. Tras dos intentos frustrantes con ellos y con los voluntarios de las olimpiadas, decidimos ir a Badaling, que resultaba más sencillo.
Tuvimos que coger 2 autobuses y en el cambio al segundo bus, la parada estaba llena de taxistas ilegales, como no, nos ofrecieron sus servicios, pero los rechazamos porque sabíamos perfectamente que nº de autobús teníamos que coger y los capullos cuando llegó el bus y fuimos a subir…todos gritaban: Nooooooooo, así que nosotros lo dejamos pasar pensando que no era, tras dos intentos de cogerlo y repetirse la misma situación, decidimos coger un taxi, acordando 1º el precio, pero el tío nos intentó llevar a otro lado de la muralla, para cobrarnos más pasta, al unísono bajamos del coche con un portazo, ambos con un cabreo… finalmente llegó nuestro autobús, ellos continuaron gritando y nosotros pudimos llegar a la Gran Muralla.
Ver la Gran Muralla algo que siempre habíamos querido hacer, mucha gente sueña con ello. Es una maravilla, que no decepciona en absoluto.
La vuelta la hicimos en autobús público sin ningún problema…
El último día en Beijing lo queríamos dedicar a ver el Templo del cielo, el Templo Lama, el de Confucio y el Palacio de verano, pero sólo vimos los dos primeros. Las construcciones imperiales son gigantescas, crees que te va a dar tiempo y cuando estas en ellas, te das cuenta de que es imposible hacer la visita en una hora, requieren bastante mas; simplemente en el Templo del cielo, nos llevó toda la mañana, porque no puedes verlo e irte, es tan fascinante que quieres verlo por dentro, por fuera, contemplar la plaza, los diferentes templos utilizados para los rituales, en fin es asombroso; otra vez que nos quedamos boquiabiertos.
Con tanto trajín, ni nos da tiempo a comer, porque los Templos los cierran sobre las 4 – 5 y cuando te quieres dar cuenta ya se te echa el tiempo encima y si paras a comer no llegas. Es de locos el ritmo que llevamos. Esto cansa más que trabajar.
Por la tarde visitamos el Templo Lama que está compuesto por 8 diferentes templos con sus patios laterales y cada uno con subtemplos. Ya no nos quedan adjetivos para describir tanta belleza.
Tras visitarlo y pasear por un Hutong cercano (Hutongs: barrios antigüos de Beijing, donde puedes ver como se vivía y siguen viviendo las clases mas marginales) decidimos parar las visitas, el Beijing Imperial nos había agotado.
Pasamos la tarde cenando en la zona de rascacielos, el Beijing financioro y después decidimos ir a un espectáculo de acrobacias. Nos encantó fue como ver un auténtico Circo del Sol, pero sin pagar una burrada por la entrada, ya sabeis lo que cuestan. Disfrutamos realmente del espectáculo y del descanso, que ya nos venia haciendo falta.
Por la noche nos esperaba el tren nocturno a Datong, para visitar desde allí el templo colgante de Xuankong si y las cuevas de Yungang.
El viaje en tren fue una aventura, para empezar llegamos a la estación y éramos los únicos turistas occidentales, no paraban de mirarnos, nos sentíamos como bichos raros entre tanto chino. Imaginaos la situación, estábamos rodeados, y para colmo cuando nos disponemos a hacer cola para pasar al tren, se nos empiezan a colar todos, (esto suelen hacerlo a menudo, tienen una capacidad… por no llamarlo de otro modo.)Cuando conseguimos entrar, otra odisea hasta encontrar nuestra litera; menos mal que siempre hay alguno dispuesto a hacer las dos cosas, mirar y ayudar. Empieza el cachondeo, a Rico le toca encima mía y enfrente como compañero de litera uno que va cargado de cajas hasta arriba, y el pasillo es tan estrecho que no caben ni dos personas, como para dejar alguna caja; así que el tío decide subir todas las cajas a la litera del tercer piso,(estos trenes chinos son de tres pisos de literas, como son tantos…) ocupando media cama. Mientras nosotros comentábamos la jugada riéndonos sin parar y teníamos la curiosidad de saber donde se acostaría él. Cuando nos queremos dar cuenta en un momento el tío en un ejercicio de contorsionismo se hace un cuatro y se queda sopa en menos que canta un gallo, increíble ni los del Circo del Sol, y eso que este era un chino gordito. No debió de adoptar mala posición, porque no veas que ronquidos pegaba, iban acompañados de gorgogismos, era el auténtico cochino-jabalí, este nació en el año del cerdo seguro. No dormimos muy bien, pero nos reimos mucho.
Como resumen de estos días nos llevamos el recuerdo de Beijing, la ciudad imperial que nos ha impresionado y agotado por igual. Por otro lado China es un país al que tienes que venir concienciado, los malos olores inundan muchas de las calles (pasando por alto los urinarios, ya que podríamos escribir libros sobre las diferentes experiencias, nuestras y de otras gentes con las que te cruzas en el camino), la suciedad y la polución están bastante presentes (aun cuando el gobierno se esfuerza por mantener cierto orden por las olimpiadas, como disminuir la circulación de vehículos, para que haya menos contaminación), pero lo más difícil de llevar son los gorgojos, los eructos y los pedos de nuestros anfitriones, tanto los de ellos como los de ellas Escupen en todas partes, les da igual estar dentro que fuera de los sitios, en las estaciones de autobús tenemos que hacer maravillas para evitarlos y dentro del bus también tienes que ir con ojo. De la misma manera eructan y se tiran pedos. Respecto a su forma de ser, hay de todo, como en botica, hemos encontrado a gente encantadora que nos ha ayudado desinteresadamente y otros con menos encanto, con perfil de estafador. Sobre todo los comerciantes/hosteleros, ven al turista como un saco de dinero, al que quieren sacarle la pasta como sea.
Hasta pronto amigos.

