Cambiamos como tres veces de vehiculo, llegando a la conclusión de que el objetivo era completar una furgoneta con gente que fuera al mismo destino. Estas organizaciones son muy típicas en Thailandia, te ponen una pegatina en la solapa y con ella… te montan, te bajan, te dicen que esperes (sin saber a que, ni a quien) te cambian de conductor, ect; un sin fin de peripecias divertidas y aunque parezca caótico, funciona bastante bien. En la última y definitiva furgoneta conocimos a dos hermanos suecos que nos acompañarían durante nuestra estancia en las islas; juntos fuimos al puerto y cogimos el ferry con destino al parque marítimo de Koh Tarutao. Un archipiélago de 51 islas, donde todavía no ha llegado el turismo de masas, que se ha desarrollado en Tailandia.
El ferry duraría unas 3h y poco a poco nos iba acercando a un lugar maravilloso, que nos esperaba. Un mar de aguas color turquesa, playas de arena blanca, fondos de coral con miles de peces de colores y unas islas llenas de vegetación. Si esto no es el Paraíso… de otra forma no sabría denominarlo.
Dejamos el ferry para subirnos a un “long boat”, una embarcación típica de las islas; un barco pirata de madera, estrecho y alargado que nos llevaría a la playa de los sueños.
Llegamos a una primera playa, que no terminó de gustarnos, era un Paraíso demasiado grande y le sobraba gente, así que… continuamos en el barquito. No teníamos ni idea de donde acabaríamos, pero tampoco nos preocupaba, porque todo era idílico.
Poco después nos fuimos acercando a la siguiente parada, donde las vistas desde el barco eran muy prometedoras. Una playita con palmeras, de arena blanca y aguas cristalinas, con un color muy especial, como salida de una postal. En ella, tan sólo, un alojamiento con 20 bungalows. Unos franceses que iban con nosotros en el barco, se bajaban allí, entonces nosotros aprovechamos para preguntar si la conocían; al parecer tenían buenas referencias de otra persona, les habían dicho que era La Mejor para quedarse.
Mi instinto no me falló, desde que la vi, lo supe. Era el lugar donde debíamos bajar.
Allí desembarcamos los dos españoles, los suecos y los cuatro franceses. Playa de poniente (sunset) y el Porn Resort (si si el Porn Resort) otro Paraíso por descubrir.
La primera persona que nos recibió fue Jean Pierre, un tío más grande que un oso, con un corazón inmenso. Nos puso al corriente de todo, se lo conocía a la perfección, había estado allí como unas tres veces. El fue el que dio las referencias a los chicos franceses.
El Porn Resort regentado por una gran familia muy peculiar, de lo más thailandesa.
El cabeza de familia Key, su mujer, el bebe y los dos hermanitos, después… las hermanas, los tios, los otros niños y el abuelo. Contado así parece agobiante, pero todos ellos en amor y compañía, nos recibieron con esa sonrisa que a los thais les caracteriza.
Nos dieron la llave del bungalow y nada más ver la ubicación, enseguida percibimos la paz y el relax que allí se iba a respirar. Primerísima línea de playa, casita de madera, porche con excelentes vistas, sonido del mar las 24h. todo un lujo por el módico precio de 500Baths, al cambio unos 10€.
Se hizo tarde y comenzó a ponerse el sol, no teníamos del todo seguro que pudiésemos ver bien los atardeceres en esa playa, pero pronto pudimos comprobar que la playa era perfecta y los atardeceres también. De nuevo la brisa del mar en nuestras caras, la luz y esos colores mágicos que el sol nos deja cada día que se va. Al dejar las Perhentian me costaba creer que pudiera encontrar un lugar similar, pero una vez aquí me doy cuenta de que no sólo nos deparaba un paraíso, sino que hay alguno más y otros que quizás… aún quedan por llegar.
Kapum-ka por tener la suerte de conocer este lugar.
Esa misma noche quedamos para cenar los cinco, Mickael, Daniel, Jean Pierre, Ricardo y Vanesa. A partir de ese momento, entre nosotros hubo un filing muy especial que nos haría pasar gran parte del tiempo unidos como un clan.
Nuestros días en Koh Lipe fueron magníficos e inolvidables. Siempre recordaremos los largos y preciosos paseos en barco. En ellos disfrutábamos de tomar el sol en la proa, mientras el capitán nos llevaba de una playa a otra, y entre las diferentes islas, parábamos buscando los mejores puntos de inmersión.
Horas y horas haciendo Snorkel en aguas turquesas con increíbles fondos marinos (los más bonito que nunca he visto) llenos de peces, de corales, erizos y estrellas de mar, ect, con una diversidad de especies y de colores, tan bonitos…
Pesca desde el barco y pesca con arpón en el mar acompañando a Jean P. Una nueva e interesante experiencia para mí, que nunca había probado. también me enseñó a desarrollar mi capacidad de visión en el agua. Me encantó aprender a su lado donde estaban las huevas y como verlas, como unas flores de roca se escondían y aparecían con un mínimo movimiento, me enseñó las diferentes especies de estrellas de mar, peces que yo no conocía… fue un placer Jean P, Kapum-ka.
Todas las noches quedábamos para cenar y Jean Pierre organizaba el barco que saldría a la mañana siguiente en busca de nuevas aventuras e islas por descubrir.
Por las mañanas quedábamos a las 8, desayunábamos tranquilamente en el Porn Resort y organizábamos la salida. Material (gafas y aletas), comida para llevar (unas tortillitas francesas) y un par de cañas para pescar al curricán. Una vez, estaba todo en el barquito, salíamos con destino a las islas. Nos agolpábamos todos en la proa para tomar los primeros rayos de sol y mientras el capitán… preparaba las cañas para la pesca.
El primer día visitamos la isla de Koh Adang y otras dos cercanas; no tuvimos suerte en la pesca con caña, sin embargo, tanto Jean Pierre con un fúsil, como el capitán con un tirachinas y su arpón, se encargaron de llenar el barco de peces para la cena. Mientras tanto el resto del equipo disfrutaba de las aguas cristalinas, de los corales y de la gran variedad e infinidad de peces que había. Vimos Peces loro, payaso (Nemo) peces globo, peces baúl, preciosas estrellas de mar gigantes de color azul con pinchos negros, otras distintas que parecían estar hechas de goma de colores, tanta diversidad y tan increíble era ese fondo, que es difícil de explicar con palabras… Tras la primera sesión de buceo, parábamos para comer en una playa solitaria, debajo de un bonito árbol. Después el barco se volvía a poner en marcha, para bucear en otros puntos.
Por las tardes volvíamos a Koh Lipe antes del atardecer, limpiábamos el pescado y disfrutábamos de la puesta de sol. Tras una ducha volvíamos a juntarnos para comentar la jornada. Jean Pierre hablaba de la Pampa, su restaurante en Lyon, nosotros contábamos nuestras experiencias en estos tres meses de viaje, y Mickael y Daniel contaban las suyas, de su viaje en Australia y Nueva Zelanda.
Las cenas eran auténticos festivales de pescados: peces loro, meros, barracuda, caballa, labios gordos y otras variedades llenaban nuestra mesa. Nunca en la vida habíamos comido tanta cantidad y tan variada. Jean Pierre preparaba ceviche (pescado crudo marinado en limón) y las mujeres del resort freían los peces, unos con ajito, otros con salsa de curry y Key, preparaba los pescados más grandes en la barbacoa.
Uno de los días de los que salimos con el barco, Rico pescó una barracuda de 5 Kg, y yo vi un pulpo mientras hacía snorkel, rápidamente avisé al capitán y el lo mató con su arpón; también era bastante grande, pero no llegamos a probarlo, nos marchamos antes.
Deciros que en estos espléndidos días de pesca, Rico se acordó mucho de su padre y Vane…de mami y de Jose.
Así fue nuestra estancia en Koh Lipe, tan agradable, que en principio íbamos para tres días y acabaron siendo seis.
Todos los días iguales o muy parecidos; pero es que en el Paraíso no hay mucho más que hacer. Tan sólo disfrutar del sol, del mar, y de lo que cada uno de ellos te brinda. El sol nos regaló mágicos atardeceres y el mar nos enseñó su fondo marino y lo que habita en el. Lo demás es relax y tranquilidad, que te transmite con tan solo estar.
Realmente hay sitios que cuesta abandonar. Con mucha pena nos despedimos de estas islas y de los nuevos amigos, esperando pronto poder volver a disfrutar de esta paz.
Todavía nos quedan muchos kilómetros por recorrer y muchos otros sitios por visitar.
Nos vamos a Indonesia…